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Por qué Estados Unidos tiene que negociar con Corea del Norte

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KIM JONG UN
KCNA via Getty Images
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La locura consiste en hacer la misma cosa una y otra vez y esperar un resultado diferente. Durante años, hemos aplicado sanciones industriales unilaterales y multilaterales para intentar obligar a Corea del Norte a abandonar su programa nuclear. También hemos pedido a China -país vecino de Corea del Norte y su principal socio comercial- que aproveche su influencia única para acabar con las provocaciones de Kim Jong Un, que también amenazan a China.

Pero no funciona ninguna estrategia. Corea del Norte sigue adelante con sus pruebas de misiles y bombas y, probablemente, intentando hacer aún más pequeñas sus ojivas nucleares.

Seis meses después de que se implementaran las duras sanciones de la Resolución 2270 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Corea del Norte sigue mostrando una actitud desafiante. Aunque pocos esperaban que las sanciones cambiaran algo de la noche a la mañana, los resultados tardarán más en llegar de lo que cree la mayoría. Las sanciones no sirven para lidiar con Corea del Norte. Desde la guerra de Corea, el país se ha enfrentado a condiciones de vida similares a las de las sanciones: restricciones de acceso a los mercados, a las instituciones financieras internacionales y a la tecnología avanzada.

Los líderes chinos reconocen que su influencia económica sobre Corea del Norte es una espada de doble filo.

Durante este periodo, Corea del Norte se ha autosancionado, básicamente. Sus líderes han optado por el aislamiento económico en vez de por la integración en la economía internacional. Ni siquiera se integraron en el bloque económico comunista para mantener una libertad de acción. Salen del paso movilizando los recursos materiales y humanos y, cuando las cosas empeoran mucho, dejan que una parte de la población muera.

La efectividad de las sanciones también está limitada por la protección que ejerce China. Los líderes chinos reconocen que la influencia económica que tienen sobre Corea del Norte es una espada de doble filo porque la presión ejercida puede provocar un colapso social y estatal, y eso crearía un flujo de refugiados hacia el noreste de China. El desmoronamiento de Corea del Norte también podría acabar en una Corea unificada y aliada de Estados Unidos en la frontera de China (un resultado que China considera mucho peor que una Corea del Norte nuclear que haga las veces de Estado "tapón").

Además, los analistas estadounidenses expertos en Corea del Norte llevan exagerando mucho tiempo sobre la sumisión de Pyongyang con Pekín. Los documentos del bloque comunista que obtuvo el Wilson Center indican que Corea del Norte lleva muchas décadas considerando a China como una nación intrusiva e irrespetuosa hacia la soberanía coreana. Para que China pueda influir en la política norcoreana habría que pedir a China que hiciera lo que más molesta a Corea del Norte. Los funcionarios chinos reconocieron que cumplir con las peticiones de Occidente solo conseguiría provocar más roces con Corea del Norte.

Nuestros calendarios están desincronizados. Llevará mucho tiempo conseguir que las sanciones persuadan a los líderes de Corea del Norte para que realicen un desmantelamiento real e irreversible, el requisito para empezar a dialogar. Además, tampoco podemos esperar que China ponga toda la carne en el asador. Mientras tanto, cada prueba nuclear demuestra el progreso real del desarrollo de los programas nucleares de Pyongyang y Corea del Norte está cada vez más cerca de poner una ojiva en un misil capaz de destruir a uno de nuestros aliados, a una base militar estadounidense cercana o incluso a Estados Unidos.

Estados Unidos tendría que demostrar algo de flexibilidad.

No obstante, Estados Unidos se guarda un subestimado as en la manga: Corea del Norte lleva intentando dialogar con ellos desde 1974. Solo Estados Unidos -la supuesta amenaza que justifica todos sus programas nucleares y militares- puede abordar las preocupaciones de seguridad de Pyongyang.

Para hacerlo, Estados Unidos tendría que demostrar algo de flexibilidad. Lo que aprendieron en Corea del Norte de la guerra de Irak y de la intervención de la OTAN en Libia es que ningún país periférico sin disuasión nuclear está a salvo. Los despliegues militares (el envío de bombarderos B-1 a la zona desmilitarizada o el envío de barcos y submarinos a la costa norcoreana) solo consiguen que la insegura Pyongyang se muestre más reacia. Si no se tienen en cuenta las preocupaciones de Corea del Norte, aunque creamos que son injustificadas, el camino hacia el progreso será todavía más difícil.

Como la desnuclearización de la península coreana sigue siendo un objetivo a largo plazo, proponemos utilizar la influencia de Estados Unidos para empezar a dialogar con Pyongyang con el objetivo de negociar la suspensión de todas las pruebas nucleares y de misiles de largo alcance norcoreanos y el regreso de los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica. Siendo realistas, esto solo puede conseguirse dialogando directamente con Corea del Norte y no volviendo a un proceso con seis partes que generó demasiada desconfianza entre ellas (especialmente entre Pyongyang y Pekín).

La suspensión sería el primer paso. Corea del Norte ha accedido a varias suspensiones de programas, pero los ha retomado en cuanto el diálogo se ha detenido o cuando Estados Unidos ha dirigido su atención hacia otro asunto. Tenemos que tomarnos en serio a Corea del Norte y trabajar para afrontar cualquier imprevisto. Gracias al acuerdo de Irán, por muy imperfecto que sea, Washington cuenta con experiencia reciente comparable con el hipotético diálogo con Pyongyang.

Y después de la suspensión de las pruebas, el siguiente paso debe ser la inversión de capital diplomático para que el diálogo avance hasta el objetivo principal: el desmantelamiento real e irreversible. Es probable que esto requiera más flexibilidad por parte de Estados Unidos y el uso de una política de premio y castigo. Si hay posibilidad de un progreso considerable, deberíamos plantearnos la suspensión de ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur y ofrecer a Corea del Norte el pacto de no agresión que tanto tiempo llevan buscando.

Una suspensión de pruebas durante un pequeño periodo también ayudaría a ganar tiempo para disminuir las tensiones presentes en la península y en la región, además de a construir un camino hacia la moderación de las brutales políticas que ejerce el régimen norcoreano sobre su propio pueblo. Si se hace bien, se puede salir de la locura.

Este artículo fue publicado originalmente en 'The WorldPost' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.