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El miedo, ¿nuestro enemigo o nuestro amigo fiel?

27/04/2014 10:07 CEST | Actualizado 26/06/2014 11:12 CEST

Imaginaos por un segundo que hubieseis presenciado y sobrevivido a los atentados del 11M. Ya da miedo solo de pensarlo. Escucháis una explosión: ¿qué hago Dios mío? Tu sistema límbico reacciona, te quedas bloqueado, tus músculos se tensan, tus pupilas se dilatan, la adrenalina corre por tu sistema circulatorio, tu corazón se acelera, huir o pelear (flight or fight),... estas son algunas de las respuestas fisiológicas que produce el miedo. Pero, ¿qué es el miedo? ¿para qué sirve? ¿por qué no eliminarlo?

El miedo es una emoción necesaria para la supervivencia. Es una respuesta innata a situaciones que amenazan nuestra vida, un mecanismo de defensa que produce una respuesta fisiológica del organismo cuya función primordial es mantenernos alerta, y en definitiva, con vida. El miedo nos ha ayudado durante nuestra evolución. Sin el miedo la raza humana y demás seres vivos no hubiesen sobrevivido y posiblemente se hubiesen extinguido hace tiempo. Algunos dirán que eso es una locura. Pues no, es la realidad. Imaginaos por un momento que no tuvieseis miedo de nada, de nadie. ¿Cuáles serían la consecuencias? ¿Qué pasaría entonces si estuvieses frente a un tigre hambriento? ¿O fueses un soldado en una guerra? ¿O que el banco viniese a desahuciarte? ¿O que alguien intentase violarte, pegarte? Si no tuvieses miedo, tu cuerpo básicamente no se pondría alerta y lo más seguro es que lo peor pasaría casi, sino siempre.

El cerebro es muy complejo y muy plástico, y una vez se genera la memoria del miedo, esta de alguna manera puede superarse de forma natural. Es lo que nos ocurre normalmente en situaciones normales de miedo a casi todos: el típico susto, miedo a suspender un examen, a perder el trabajo. Tienes miedo por un tiempo, más o menos el necesario, y luego ya no. Sin embargo, en casos de situaciones traumáticas (las cuales han aumentado dramáticamente en nuestro país debido a la crisis) esto produce cambios en ciertos circuitos cerebrales (por ejemplo el hipocampo, la amígdala y el córtex cerebral) y hace que este miedo se manifieste incluso en situaciones en las que no debería hacerlo.

Cuando el miedo se vuelve crónico como en el caso del trastorno por estrés postraumático (TEPT) o las fobias, entonces tenemos un grave problema. Las personas con TEPT tienen pesadillas, no duermen, tienen flash-backs continuos. Y esto les perjudica en su vida diaria convirtiéndose a veces en un infierno, y lo peor, muchas veces sin solución. El ejemplo típico es el de los veteranos de guerra. Un veterano (pongamos, Rambo) vuelve de la guerra, con miedo constante, ha visto morir a sus compañeros, mujeres y niños, ha tenido que matar para sobrevivir... situaciones en las que nadie querría verse envuelto. Muchos de ellos vuelven a casa con graves problemas, uno de los principales es el TEPT. ¿Qué les ha pasado a sus cerebros? ¿Cómo tratarlos?

El mecanismo de cómo funciona el miedo aún tiene muchas lagunas. Se entiende más o menos, pero aún no se tiene claro lo que realmente pasa cuando se genera y cuando se elimina, al menos a nivel molecular. Los tratamientos más eficaces son con psicoterapia, acompañados a veces de algún fármaco, pero su eficacia no es total. Normalmente simplemente palian ese miedo crónico pero no lo suele eliminar del todo. Las fobias son también un ejemplo de miedo. Por ejemplo, si tienes miedo a las alturas te harían psicoterapia de exposición, te llevarían a un sitio alto (hoy en día se usa realidad virtual) y te dirían algo como: "No debes tener miedo, ves, todo está bien..." Poco a poco y tras varias sesiones uno aprendería a no tener miedo en estas situaciones. Lo que se cree que ocurre a nivel synáptico es que la memoria del miedo sigue ahí, pero nuestro cerebro genera una nueva memoria, algo así como "la memoria de estar a salvo", la cual inhibiría la memoria del miedo original. Desajustes en esos procesos tienen consecuencias dramáticas como las ya mencionadas.

La disminución de la neurohormona alopregnanolona en modelos animales y seres humanos medidos en el plasma sanguíneo y líquido cefalorraquídeo se ha asociado con un número de trastornos psiquiátricos tales como la ansiedad, la depresión, y el TEPT en los cuales el miedo se intensifica. Un estudio liderado por el profesor Graziano Pinna (University of Illinois at Chicago, EEUU) publicado este mes en la revista "Psychopharmacology" muestra por primera vez que en la corteza prefrontal (Brodmann área 9) del cerebro humano tanto los níveles de alopregnanolona como de una de las encimas necesarias para su síntesis, la 5-alfa reductasa tipo I, presentan níveles inferiores en pacientes con depresión. La alopregnanolona es algo así como un "tranquilizante endógeno" importante para el buen funcionamiento de un receptor llamado GABA-A que media la acción de los fármacos ansiolíticos (ej. Valium). A través de este receptor, la alopregnanolona también regula el estado de ánimo y el comportamiento afectivo. Es posible que en un futuro los niveles de esta hormona en la saliva o la sangre pueden llegar a ser un índice con valor diagnóstico.

Hoy en día se sabe que el cerebro adulto genera nuevas neuronas, lo que se denomina neurogénesis adulta. El hipocampo, una de las regiones más plásticas y que participa activamente en el aprendizaje y la memoria, es una de las regiones donde tenemos un pool de células madre neuronales. Se cree que estas nuevas neuronas son necesarias tanto para generar el miedo como para más tarde poder extinguirlo. Algo así como dos mecanismos contrapuestos. Por lo tanto, el llegar a controlar la neurogénesis nos ayudaría a controlar el miedo y con ello ayudar a la gente que padece estos miedos crónicos.

¿A qué os llevo con esto? El miedo sería algo así como un mal necesario que si se descontrola puede ser dañino para nuestras salud e incluso para los que nos rodean. Inhibirlo eficientemente de forma natural, como ocurre en todos nosotros, o usando medios artificiales (psicoterapia, fármacos, etc.) cuando sea necesario, no está de más. Sin embargo, eliminarlo por completo, y hacernos inmunes al miedo, sería una mala decisión con repercusiones irreparables que casi con seguridad nos llevarían a la extinción. Esta es la belleza del cerebro humano, donde nuestros peores miedos se convierten a veces en nuestros mejores aliados.

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