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¿Comer merluzas o medusas?

11/05/2013 10:09 CEST | Actualizado 10/07/2013 11:12 CEST
GTRESONLINE

Que los mares se están vaciando y que los peces convertidos en pescados escasean no es nada nuevo. Pero la batalla de los peces chicos contra los grandes, de los barcos de pesca artesanal frente a mastodónticas factorías industriales que navegan por ellos sale en menos titulares, y la cuestión es la misma: ¿acabaremos comiendo medusas?

El barco Artic Sunrise de Greenpeace está de gira por el Mediterráneo y por el Atlántico Oriental para evitarlo, o al menos para que millones de europeos nos enteremos de este conflicto que ya ha provocado 50.000 bajas a bordo del empleo en nuestro litoral.

"Llevamos 300 años intentando que nuestra voz se oiga y no hay manera. En las cofradías no estamos representados. Son mayorías las grandes compañías y, aunque tenemos más barcos, al final los fondos europeos van para ellas porque ellas capturan más volumen. Y al final nos dan unas cuotas ridículas". Las quejas de Jesús Crespo, que pesca artesanalmente con trasmallo en las aguas de Denia, retumban en la bodega del barco ecologista. "Y ese volumen de pesca es insostenible para la mar; nosotros la cuidamos, porque es nuestro futuro", continúa.

Jesús habla en uno de los encuentros entre pescadores y políticos que ha propiciado la campaña por la pesca artesanal, y sostenible, de Greenpeace en una singladura que ha navegado por aguas de una decena de países al norte del Mediterráneo.

En otros lugares ministros y máximos responsables de Pesca de los gobiernos han acudido al Arctic Sunrise para escuchar a los quejosos patrones, cada día con sus redes más vacías; en España, hasta ahora, se han acercado concejales, alcaldes, algún miembro de la Comisión de Pesca en el Congreso, pero de momento ninguna autoridad con responsabilidades en la materia.

Aún queda ruta... hasta Bilbao. Porque este barco de tripulación internacional (somos 27 a bordo y 16 nacionalidades) está dando la vuelta a la Península, con dos rumbos que son sólo uno: el que marca el capitán, el argentino Daniel Risotti, desde el puesto de mando y el que tiene en su agenda Greepeace, que no es otra cosa sino una Política de Pesca Comunitaria que nos permita seguir disfrutando de frutos del mar, que ya descubrieron los neandertales hace 30.000 años, de ahora en adelante.

A las palabras de Jesús responden algunos concejales de la costa levantina; todos apoyando, pero también negando que haya contaminaciones descontroladas por urbanizaciones y obras mal planificadas, como acusan algunos pescadores; y destacando el papel de una gran superficie, que por fin ha decidido apostar por los pescados de nuestra costa, y no sólo por los que llegan de Namibia, de Somalia o del más lejano Pacífico.

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El Artic Sunrise en aguas de Barcelona. Foto: Greenpeace.

Pero todos saben que la solución no está en los políticos de esos pequeños pueblos del litoral, sino en los de mucho más arriba. Y allí es donde está el ministro de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Angel Arias Cañete, al que los patrones y la ONG piden su voto en la Comisión Europea a favor del cambio, es decir, a favor de las ayudas para los peces pequeños en este conflicto, de acabar con la pesca de arrastre que deja yermos los fondos oceánicos, de recuperar las especies en crisis.

Ha tenido que venir el emblemático barco de Greenpeace a decirlo a nuestras costas porque en el Ministerio, aseguran los pescadores artesanales, no les reciben. A los grandes sí, aunque luego se hundan por su mala gestión financiera a pesar del apoyo recibido.

"Pregúnteles qué hago yo con una cuota para atún rojo de 350 kilos al año, mientras veo a los franceses y los japoneses llevándose toneladas", me pide Salvatore, un pescador italiano que llegó a España huyendo de la mafia siciliana, que se compró un barco, que contrató marineros... para acabar maldiciendo su fortuna en un país que le da la espalda.

Y firma el manifiesto de Greenpeace como si fuera la tabla de un náufrago, poco antes de que el Arctic Sunrise, que en el pasado se destinó a la caza de focas, leve anclas para seguir su singladura camino del Atlántico.

A bordo, la tripulación organiza la salida, prueba que los botes salvavidas funcionen, a los nuevos nos dan un cursillo de emergencias y, ya alejados de la costa, incluso hay un simulacro de hombre al agua que acaba bien.

Celia Ojeda, responsable de la campaña por la Pesca Sostenible en España, ya está planificando nuevos encuentros en nuevas paradas. La última en Bilbao. En Rumanía, Bulgaria, Croacia, Italia, Eslovenia, en Grecia se han ido encontrando con los mismos problemas con distinto pasaporte. "La fecha clave es julio. Entonces debe votarse en Bruselas la nueva política de pesca europea, pero España y Francia no quieren cambios y como las negociaciones son a puerta cerrada, con este viaje hemos querido dar visibilidad a estos pescadores, que no destruyen porque saben que es su sustento. Si no cambiamos, en 10 años comeremos medusas en vez de merluzas".

Con un 80% de las especies sobreexplotadas en el Mediterráneo, casi la mitad en el Atlántico, con un aumento del 70% de la pesca industrial y un 34% menos de la que realizan Jesús, y Salvatore, y Daniel, como antes hacían sus abuelos, ya hay que ir pensando en recetas de sopa de medusa, que de esas hay muchas, demasiadas.

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