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Un agujero de 450 millones que hará un socavón

10/11/2012 10:06 CET | Actualizado 09/01/2013 11:12 CET

No son más de 450 millones de euros, un poco más que dos aeropuertos en Castellón de la Plana o la inversión de Zara en España durante este año, pero no contar con esa cantidad puede estrangular el sistema de ciencia e investigación en España, según me reconocía ayer Carlos Andradas, presidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE). Fue al término de un acto en la sede central del Consejo Superior de Investigacies Científicas (CSIC).

COSCE y otras organizaciones habían convocado allí a los científicos para darles a conocer el documento que han elaborado para enviarlo al Congreso de los Diputados; (se titula Sin I+D+i no hay futuro y denuncia que para 2013 las arcas están en bancarrota con unos recursos disminuidos en un 7,21% respecto a este año, según los Presupuestos Generales del Estado presentados por el Gobierno (tras la sangría de un 25% menos en 2012). Son 5.932 millones de euros, apenas el 1,35% del Producto Interior Bruto, frente a una media del 2% en la UE o un 2,8% en Alemania. Y para colmo, la caída mayor la sufren las subvenciones (un 80%) que es de lo que se nutren los investigadores. Ellos no pueden acogerse a préstamos que no tienen seguro devolver.

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Acto en el CSIC con Mateo Valero, García-Bellido, Jesús Ávila y Arsuaga.

También se destacó el desastre de eliminar el programa JAE del CSIC (becas para jóvenes investigadores), o de convocar para no se sabe cuando en 2013 las plazas para 175 contratos del programa Ramón y Cajal, si es que se cubren, porque sus condiciones son prácticamente imposibles (¡25 de 85 puntos se dan por haber dirigido un programa internacional!).

Las cifras las fue desgranando Andradas ante un auditorio de ilustres como la bióloga Margarita Salas, el paleontólogo Juan Luis Arsuaga, el neurocientífico Alberto Ferrús, el genetista Antonio García-Bellido y su hijo Diego (que pronto será un exilado científico en Australia), el biólogo Jesús Ávila y tantos otros sabios en una sala que, sin embargo, no llegó a llenarse.

INICIATIVAS DIVERSAS Y DISTINTAS

¿Acaso no preocupa a los científicos que el sistema se hunda? Parece lógico pensar que sí, y de hecho en estas semanas han surgido varios informes y recogidas de firmas que así lo avalan, pero da la sensación, desde fuera, que aunar sensibilidades políticas y situaciones profesionales no resulta fácil, y movilizar a este sector menos. De hecho, hubo quien criticó que el comunicado (apoyado por la Conferencia de Rectores, la Plataforma por la Ciencia Digna, los sindicatos y los Jóvenes Precarios) mencione la huelga general del 14-N, por tratarse de algo político. Pero ¿no se estaba hablando de política científica llevaba a cabo por un Gobierno que es político?

El acto en sí tuvo un formato demasiado rígido. Hubo varios intervinientes convocantes, y casi todos repitieron las quejas, pero hubo pocas propuestas de acción. Se dijo que va a aumentar la brecha entre los científicos de más edad y los jóvenes, que parar el vehículo de la ciencia no es quedarse en un sitio y luego recuperar, sino que es un retroceso mientras los demás siguen adelante (¿y quién les pilla luego?), que la investigación está en la base misma de la salud, de la educación, del bienestar social, que además puede generar riqueza económica. Otros, como Jesús Ávila, puntualizaron que no todo se puede medir en beneficio monetario, porque la ciencia básica no suele generarlo. Y se repitió que la generación que se está marchando es "la generación regalada a otros países" porque su exilio es obligado.

UNA INVERSIÓN PEQUEÑA

Después hablaron algunos presentes. Arsuaga defendió que "la ciencia se liga a un pensamiento libre y crítico y a la garantía de una sociedad más justa", criticando que todo avance científico se contabilice en euros y apostó por un desarrollo basado en el rico patrimonio histórico español. Ávila renegó de quienes defienden que sólo trabajen los de 'reputada excelencia' porque, dijo, que así acabaríamos como los países que sólo tienen un monocultivo y, además ¿cómo definir esa excelencia? También insistió en que "la inversión que se pide es pequeña, pocos cientos de millones, para el problema tan grande que genera no tenerla". "No entiendo como los políticos no lo ven", aseguró.

García-Bellido se mostró pesimista respecto a una solución, mientras no haya políticos que se impliquen en la defensa de la ciencia, que conozcan el proceso científico... y no los hay en este país, como pudo comprobar Andradas recientemente al reunirse con una comisión mixta en el Congreso.

Al término de las intervenciones no hubo mucho tiempo para debate. De hecho, parte del público se había ido. Algunos reclamaron más contundencia, recordaron que el CSIC se hunde (su déficit este año es de 20 millones de euros y en 2013 aumentará otros 16 millones) y que el presupuesto de ingresos previsto no cubre ni los gastos de personal. Hubo también algún joven que reclamó más acción... Pero, en general, como espectadora, me dio la sensación de que ese barco a la deriva que es el sistema científico español está carente de capitanes que marquen el rumbo y estén dispuestos a dar la batalla. Y tampoco hay muchos marineros dispuestos a seguirles, de momento. Demasiadas partes en un todo.

LABORATORIO PARA SAPIENS