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Jack Horner: cómo diseñar un Pollosaurio o un Dinopollo

15/11/2012 08:12 CET | Actualizado 14/01/2013 11:12 CET

Jack Horner es el auténtico Alan Grant. Es el investigador en el que se inspiró Steven Spielberg para el personaje de un paleontólgo en Parque Jurásico. En aquella película, que 20 años después es casi leyenda, el ficticio científico norteamericano se encontraba con dinosaurios que habían sido clonados de material genético encontrado en un ámbar. Lo cierto es que Horner realmente intentó encontrar ese ADN durante mucho tiempo, pero no lo consiguió porque han pasado millones de años, así que ahora su meta es otra: "diseñar" genéticamente un "pollosaurio" o un "dinopollo", que sería otra forma de resucitar a aquellos fabulosos animales del pasado utilizando a uno de sus descendientes. Y para ello cuenta ahora con la ayuda financiera de otro monstruo del cine: el productor y director de cine George Lucas.

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Horner, que ha visitado Madrid estos días, ofreció una conferencia en el Museo Nacional de Ciencia Naturales (CSIC) en la que no quedaba un hueco. También estuvo en las jornadas El Ser Creativo. "Ahora que conocemos todo el genoma de los pollos, y puesto que las aves son descendientes de los dinosaurios, se trata de saber qué genes se activan y cuáles no durante el crecimiento del embrión de estas aves. Una vez que sabemos los que están desactivados, averiguamos qué función tienen e intentamos activarlos de nuevo para que la recuperen. Esos genes se fueron desactivando a lo largo de la evolución y el proyecto trata de activarlos de nuevo, siguiendo el camino inverso al que siguió ésta", me explica en una entrevista al término de su conferencia.

Pero, ¿eso supone que todos los genes (activos o no) de un dinosaurio siguen estando en un pollo? ¿No se habrán perdido algunos, igual que han aparecido otros? "Sí, ese es un problema, pero no es grave. Hay genes que se ha perdido, pero cuando se habla de las colas, de las patas o los dientes si que sabemos que están todavía ahí, porque de cuando en cuando nace un pollo con uno de estos órganos; son mutaciones genéticas que nos dicen que los tienen", responde Horner.

De momento, el paleontólogo sólo ha encontrado dos genes desactivados en estas aves de corral que podrían haber estado en los dinosaurios del Jurásico: "Uno de ellos es el que hacía que aquellos saurios de hace 65 millones de años tuvieran dientes, algo que no vemos en ningún ave actual. El problema es que ese gen que hemos encontrado proporciona a los pollos una única generación de dientes y que son piezas sin esmalte, cuando los dinosaurios los tenían toda la vida, y por supuesto con esmalte. El otro gen no es de un órgano visible", afirma el científico.

Horner, famoso por haber descubierto y definido dos nuevas especies de dinosaurio (Maiasaura y Orodromeus), por descubrir los primeros nidos con bebés "dinos" o encontrar hasta nueve Tiranosaurios Rex, inició este sorprendente proyecto hace ya tres años, en la Universidad de Montana, y sabe que es para largo, pero ha tenido la suerte de que George Lucas financie su investigación, quizás con miras a una nueva saga cinematográfica. "Es el principal donante, aunque podría haber otros", apunta.

Lo que no tiene muy claro es el tiempo que tardará en diseñar genéticamente un "pollosaurio", aunque recuerda que no es el único grupo investigador que trabaja en el asunto; al menos otros dos laboratorios lo están intentando, centrándose en secuencias genéticas implicadas en el alargamiento de los brazos. "Quizás en 20 años podemos tener un dinosaurio pequeño, si tenemos suerte. En cinco años creo que ya podremos conseguir que tenga tres dedos, dientes o cola como los saurios prehistóricos, pero no parecerá más que un pollo con rasgos extraños; si logramos dar ese paso luego será más fácil conseguir un dinosaurio".

Reconoce que un problema es que no se han encontrado eslabones en la cadena que va de los extintos dinosaurios a las aves como el pollo, fósiles que ayuden a determinar cuándo desaparecieron los dientes, cómo se acortó la cola o el proceso por el que los brazos y sus garras acabaron siendo alas millones de años después de la caída del meteoro que acabó con ellos.

En todo caso, además de ver cumplido su sueño de tener un "pollosaurio", Horner está convencido de que este proyecto "puede ayudar a recuperar otras especies también desaparecidas".

Artículo publicado también en el blog Laboratorio para Sapiens.

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