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Bájenme el sueldo, sigan sobrecargando mi consulta, pero por favor no me toquen a la señora de la limpieza

17/06/2013 08:16 CEST | Actualizado 16/08/2013 11:12 CEST

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Foto: Christian Holmér/Flickr.

La última propuesta de la Consejería de Sanidad de Madrid ha sido reducir el número de horas de la contrata de limpieza de los centros de salud. Les debía parecer que estaban demasiado límpios, demasiado relucientes y sobraban horas de limpieza. El problema estriba en que al centro de salud vienen personas enfermas y es frecuente que un niño vomite en la sala de espera o en la camilla, acuda alguien con una herida y deje un reguero de sangre en el suelo o sucedan imprevistos que dejen maltrecha la higiene y por lo tanto la seguridad del centro. Tener la opción de llamar a un servicio de limpieza de urgencia que dé respuesta en dos horas no me parece solución.

Con humildad les propongo a los responsables que reconsideren esta decisión que atenta contra la seguridad de pacientes y profesionales sanitarios. No parece del todo ético estar promoviendo campañas de higiene de manos en los centros de salud cuando por otro lado se desatiende la limpieza de las instalaciones.

El papel que tiene una señora de la limpieza en un centro de salud es fundamental, en casi todos los casos es una profesional muy valorada por el equipo y los pacientes porque su función es evidente y necesaria para todos. Ya me gustaría que la valoración de los gestores y políticos responsables fuera remótamente parecida.

El problema de fondo es el ahorro de costes, pero la ecuación no se resolverá bien si no somos capaces de diferenciar el trigo de la paja. Tal y como están dimensionados los centros de salud de Madrid es evidente que las plantillas están muy ajustadas. Es verdad que en unos sitios más que otros, pero mientras no haya medidas correctoras que permitan movimientos de personal al centro que más lo necesite estaremos atados de manos.

Por otro lado las reducciónes lineales son siempre injustas. Reducir más en recursos humanos es un error. Les pongo un ejemplo: en Portugal un médico de familia dedica 20 minutos a cada paciente, en Madrid 5 o 6. Si seguimos sobrecargándolo más atenderemos pacientes cada 3 minutos y eso, a parte de ser una barbaridad, es peligroso.

Habrá que consensuar dónde está el nivel de gasto superfluo. Me atrevo a señalar que es en los despachos donde probablemente encontremos perfiles que aporten menos a la organización que lo que la señora de la limpieza proporciona a diario. Sin contar con productos farmacéuticos que no aportan valor o coches oficiales prescindibles.

En cualquier caso si acude al centro de salud con su hijo con vómitos, haga usted el favor de venir con una bolsita. Por si acaso.

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