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El mineral que conecta la República Democrática de Congo con Silicon Valley

11/01/2014 10:04 CET | Actualizado 13/03/2014 10:12 CET

Desde Silicon Valley, lugar donde Apple diseña sus revolucionarios productos hasta las montañas del parque natural de Kakuzi-Biega, último refugio de los gorilas en la República Democrática del Congo hay una distancia aproximada de 15.000 kilómetros. A simple vista nada tienen en común ambos lugares. Su destino está, sin embargo, extremadamente relacionado.

Ser un país rico en materias primas es en muchos casos sinónimo de prosperidad. Los mayores países productores de petróleo, los países de Oriente Próximo, viven en un oasis que poco tiene que ver con la realidad del resto del mundo. Tiene su lógica: estos países controlan el oro negro y eso les hace importantes.

La historia de la República Democrática del Congo no se diferencia mucho del resto de países del África negra. Después de la época colonialista, cuando fueron saqueados por el imperio belga, entraron en una fase convulsa que desencaminó en una dictadura, donde incluso se llegó a cambiar el nombre del país por el del Zaire. Como no podía ser de otra forma se produjo una revuelta popular y las dos tribus más importantes se disputaron el poder: los Hutus y los Tutsis. Corría el año 1998 y empezada de esta forma una guerra que a día de hoy ha dejado más de cinco millones de muertos, la más violenta de todas después de la Segunda Guerra Mundial.

Mientras tanto en Silicon Valley ingenieros informáticos alcanzaron un nuevo hito para la tecnología: los descondensadores electrónicos, pequeños microchips capaces de hacer posibles los smartphones, tabletas y ordenadores que hoy existen en el mercado. Una de las características de estos microchips es que dentro de ellos se encuentra el Coltán, el oro gris, un extraño mineral que hace posible este tipo de tecnología.

Las guerras las dominan los intereses económicos y esto es lo que sucede en La República Democrática del Congo. En la actualidad poseen el 80% de las reservas del Coltán, algo que evidentemente no ha pasado desapercibido para el resto del mundo: saben que quién controle el Coltán controlará uno de los recursos naturales más importantes de nuestros días.

El objetivo es simple, extraerlo de la forma más económica posible para maximizar los beneficios, lo que traducido a la práctica significa mano de obra infantil en condiciones de semiexclavitud y sueldos no superiores a 50 dólares a la semana. Por el contrario una tonelada de Coltán se cotiza en el mercado a 400.000 dólares.

Los ejércitos de Luanda y Ruanda, países vecinos de la República Democrática del Congo, son los encargados del control de la extracción y del transporte hasta sus respectivos países. Una vez ahí es manipulado y trasladado a China donde Apple, Samsung, Sony, y Nokia, entre muchas otras marcas, lo utilizan en sus dispositivos más avanzados.

Pese a los informes de Naciones Unidas donde se explican con todo detalle los procedimientos que utilizan Luanda y Ruanda para apropiarse del Coltán, superpotencias como EEUU los califican como ejemplo de desarrollo y les apoyan militarmente con ayudas millonarias. Incluso el Fondo Monetario Internacional les otorga créditos con el objetivo de seguir impulsando su crecimiento.

La República Democrática del Congo no es capaz de explotar sus recursos naturales en su propio beneficio, sin embargo la extrema situación de pobreza, la pérdida del ecosistema, los millones de muertos y desplazados desde el inicio del conflicto no son suficientes razones para erradicar esta situación. Al fin y al cabo, la guerra es un negocio y en ésta hay mucho en juego.