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Las falsificaciones se convierten en un asunto serio

11/02/2014 07:08 CET | Actualizado 12/04/2014 11:12 CEST

Al principio tiene gracia... posiblemente sea porque no veamos lo que hay detrás. Durante las Olimpiadas de Pekín 2008, el lugar más visitado por los turistas no fue la plaza de Tian'anmen ni la Ciudad Prohibida, ni siquiera la Gran Muralla China. 1.926.324 millones de visitantes entre ellos 35 jefes de Estado eligieron visitar el mercado de falsificaciones de la ciudad, más conocido mundialmente como el mercado de la seda de Pekín.

Miles de años de cultura escenificados en monumentos de la humanidad fueron incapaces de superar la fama del negocio por el cual es conocido hoy el gran gigante asiático: las falsificaciones.

Imitar es una forma de adulación. Es por ese motivo que siempre ha estado presente en nuestra sociedad. Todo el mundo quiere parecerse a alguien, por eso copiamos. Los jóvenes acostumbran a copiar aquello que hacen sus ídolos, marcas de segundo nivel copian aquello que hacen las potencias mundiales, incluso países emergentes copian modelos de negocios ya existentes. Aunque es pequeña, existe una diferencia entre imitar y falsificar: los que imitan tienen como objetivo llegar a ser parecidos al original, los que falsifican tienen como finalidad hacerse pasar por el original y es ahí donde empieza el negocio.

En los últimos 25 años el mercado de las falsificaciones se ha multiplicado hasta alcanzar un 7% del comercio mundial, un dato que podía ser superior teniendo en cuenta que no hay datos oficiales al respecto.

Relojes Acasio (Casio), portátiles Soni (Sony), o móviles Hiphone 5 (Iphone 5) han sido hasta el momento las estrellas del mercado. Todos ellos van dirigidos a un público que intenta aparentar lo que realmente no llegan a ser, pero ¿qué sucedería si el consumidor no es consciente de que está comprando un producto falsificado?

La voz de alarma saltó hace poco con el hallazgo de tiendas Ikea y Apple falsificadas donde incluso los dependientes creían que trabajaban directamente para esas marcas. Poco antes el Senado de Estados Unidos empezó una investigación debido las sospechas infundidas desde el Departamento Defensa del país más poderoso del mundo. Las conclusiones fueron escalofriantes: se encontraron más de un millón de piezas no originales en las tripas de los aviones y helicópteros de última generación del Ejército estadunidense, incluso las encontraron en el avión más seguro del mundo el Air Force One, el avión de presidente.

Mención aparte merecen las falsificaciones de medicamentos, casi imposibles de detectar, que provocan grandes trastornos en el organismo e incluso la muerte. En su gran mayoría se venden en portales de venta online especializados, lo cual genera una total confianza al consumidor. La Organización Mundial de la Salud (OMS) así como los principales fabricantes farmacéuticos han iniciado una lucha contra este tipo de falsificaciones pero por desgracia, las ventas de medicamentos falsificados siguen en aumento.

Las falsificaciones de productos textiles o electrónicos han pasado a ser una parte minoritaria del negocio. La piratería ha encontrado en mercados como la aviación o los medicamentos una gran oportunidad inexplorada hasta el momento. A diferencia de los primeros, estos últimos mercados hacen peligrar la vida de las personas que lo consumen. Lo que no cambia son las consecuencias para aquellos que controlan el negocio (se hacen multimillonarios), así como aquellos que se ven obligados a trabajar en él (viven en la absoluta miseria).

Por cada fabricante de falsificaciones chino aparecen tres intermediarios europeos o americanos, pero eso no parece hacer cambiar de opinión a Estados Unidos y Europa, los cuales ven a China como único responsable del problema. El éxito de una falsificación se basa en que haya gente que esté dispuesta a comprarla, por eso, su fracaso depende de nosotros.