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El victimismo 'fake' de María Lorenzo

17/01/2017 07:22 CET | Actualizado 17/01/2017 07:22 CET

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María Lorenzo, a la izquierda, durante la toma de posesión del Consejo Rector de la Radio Televisión Autonómica Canaria, junto al entonces presidente del Gobierno, Paulino Rivero (en el centro) y el entonces presidente del Parlamento, Antonio Castro (segundo por la izquierda)/EFE

Este artículo responde al escrito por María Lorenzo Hernández, miembro del Consejo Rector de la Radio Televisión Pública de Canarias, sobre la Gala de Fin de Año de la Televisión Canaria

Poco ha tardado la consejera del ente público RTVC María Lorenzo en reclamar la cuota de protagonismo que busca de modo incansable desde su acceso al consejo rector del organismo audiovisual público canario. La señora Lorenzo cumple en tal empeño con todos los principios que, según señalan los expertos, adornan a la mala telerrealidad: sectarismo, victimismo, división del mundo entre buenos y malos; para lograrlo, desfiguración de los hechos en beneficio propio y, esto es lo más rechazable, malversación de valores respetables en beneficio de las propias e interesadas tesis. Su conducta, por tanto, responde a los parámetros de un género ya muy choteado, aunque ciertamente en boga en estos tiempos tan ruidosos: si la realidad no coincide con mis propósitos, váyase a tomar viento la realidad. Ah, el viento, capaz de levantar tanta controversia hipócrita con una sola ráfaga.

Resulta casi ocioso resaltar lo evidente: la consejera María Lorenzo no tiene interés alguno en sostener la, según ella, mancillada causa de la igualdad entre hombres y mujeres. Defender valores dignos de respeto supone resistir las tentaciones del oportunismo amarillo. Ocurre sin embargo que la señora Lorenzo ha hallado en una manipulación burda, el retoque de una imagen de la retransmisión de las campanadas de Nochevieja y su posterior difusión viral, la excusa idónea para practicar su deporte favorito, la descalificación del organismo público de cuya estructura de mando forma parte. Su empeño en esta infamante tarea ha alcanzado ya la categoría de estadística, como bien demuestran las hemerotecas. Según la consejera, sumida en su visión distorsionada de la realidad, en la RTVC todo se hace mal, y además, se hace con mala intención, de modo que los errores deben ser resaltados, y los aciertos, como el indudable de la programación de Nochevieja, han de ser adecuadamente contraprogramados. Lo suyo, lejos de entroncar con la deontología profesional o la defensa firme de los derechos de la mujer, enlaza con la nueva cultura fake, es decir, con la falsedad malintencionada, con la mentira elevada a moneda de uso común. Ella misma lo señala en su artículo publicado en este medio: que la imagen objeto de polémica sea auténtica o falsa le da lo mismo.

En casos como este, lo más oportuno es acudir a la fuente, es decir, a la mujer cuya dignidad se dice defender. ¿Y qué ha dicho la presentadora Eloísa González, profesional de intachable reputación, sobre la retransmisión de las campanadas de fin de año en San Sebastián de La Gomera? Pues básicamente dos cosas. La primera, que las decisiones sobre su vestuario en la velada televisiva son producto de sus propias decisiones en contacto con los profesionales de la moda que resultan de su confianza. La segunda, que no piensa dedicar un minuto a la manipulación de una imagen en maledicente sugerencia sobre su vestuario de esa noche. Como añadido, se ha referido, en declaraciones a la Cadena Cope, a las únicas palabras que le han hecho daño, como profesional y como mujer, procedentes de ¿imaginan ustedes quién? Pues sí, señora Lorenzo: Eloísa González bien merece un respeto y unas disculpas.

Esto es así porque Eloísa, una mujer segura, sonriente, que ha ganado su prestigio a base de esfuerzo y talento, no necesita hacerse la víctima; y a su vez, con suma elegancia, se resiste a ser utilizada en el pim, pam, pum que sitúa a los derechos de la mujer como pretexto para otros objetivos. Los de María Lorenzo son bien conocidos: la generosa distribución del descrédito colectivo, el único escenario en el que parece sentirse a gusto. Llegados a este punto es forzoso recordarle que debe perder toda esperanza: la RTVC seguirá adelante en el propósito de ofrecer a la sociedad canaria una óptima cobertura audiovisual de servicio público, con más aciertos que errores, y siempre con principios innegociables.