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Sara Mesa, la constante insatisfacción creadora

27/03/2017 18:21 CEST | Actualizado 28/03/2017 07:24 CEST

Conocí a Sara Mesa en febrero de 2015, en Sevilla, cuando fui a presentar mi novela Viaje de invierno. La presentación la tenía en el Café Cicus y se trataba de charlar un rato con Fran G. Matute, crítico cultural de la revista Jot Down y la web Crítico Estado. Pero aquella tarde no acudió nadie a la presentación, salvo el propio Fran y Sara Mesa. Ante el fracaso estrepitoso, nos fuimos los tres a tomar unas cervezas antes de que yo cogiera el tren de regreso para Madrid. Recuerdo perfectamente que Sara Mesa (Madrid, 1976) me habló de que estaba terminando de corregir las pruebas de Cicatriz, y de lo que había supuesto quedar finalista del Premio Herralde con su novela anterior, Cuatro por cuatro, con la que concurrió al premio en el último minuto antes de que el plazo se cerrase definitivamente. Estuvimos hablando de literatura y de escritores, y me pareció una autora con sensibilidad y criterio.

Meses después asistí a la presentación de Cicatriz en Madrid, en la librería Rafael Alberti, donde intervinieron Rafael Chirbes y Marta Sanz. Aquella presentación, repleta de gente y de elogios encendidos, auguraba que su libro estaba llamado a convertirse en referencia. Y así sucedió. Su novela fue una de las mejores de ese año para numerosos suplementos literarios (incluso se llevó el Premio Ojo Crítico de Narrativa) y constató que Sara Mesa es una de las escritoras más sólidas de su generación.

Después ha publicado un exquisito libro de relatos titulado Mala letra, y acaba de reeditar la turbadora novela Un incendio invisible, con la que ganó el Premio Málaga del año 2011.

Foto de Juan María Rodríguez.
Foto de © Juan María Rodríguez.

En Un incendio invisible hay elementos que prefiguran temas que más tarde desarrollarías en tus siguientes novelas y cuentos. ¿Se puede considerar Un incendio invisible tu primera obra de madurez, o ya estaban esos temas y ese estilo tuyo tan característico incluso en los libros anteriores a éste?

Concibo la escritura como un aprendizaje, nunca se llega a un estilo terminado y definitivo. De modo que, desde mi punto de vista, todo lo que he escrito tiene puntos en común, en todos mis libros está la misma mirada y la misma búsqueda.

¿Qué supone Un incendio invisible respecto a tu obra anterior?

Cuando la escribí ya había publicado tanto cuento como novela, supongo entonces que representa una mayor madurez porque ya me sentía más cómoda con la escritura. E inaugura territorios que saldrán después en otros libros: Vado, Cárdenas...

Si no me equivoco hay tres obras publicadas anteriores a ésta. ¿A qué se debe que en las solapas de tus libros no aparezcan? ¿No están al nivel que te gustaría que tuvieran (vistos desde tu perspectiva de hoy) o es una cuestión de marketing editorial? ¿Qué nos puedes decir de aquellos libros?

Pienso que en las solapas hay que ser breves, no se trata de poner una acumulación de méritos, sino de indicar al lector qué otros libros tuyos puede encontrar si le ha interesado el que tiene entre manos. De los tres que mencionas, hay uno de poesía del que me siento lejana (es primerizo, como de tanteo), uno de cuentos al que tengo un gran cariño (No es fácil ser verde, hoy inencontrable) y mi primera novela, que nombro siempre que puedo porque disfruté mucho escribiéndola (El trepanador de cerebros, en Tropo).

Tu obra se caracteriza por estar escrita con un estilo pulcro, muy cuidado y de un intenso lirismo. ¿Es una manera de narrar que te sale de forma natural o hay una depuración estilística importante después de acometer el primer borrador de la historia?

Una mezcla de ambas cosas... Por supuesto que hay mucha depuración posterior, hago una labor de poda. Pero también es cierto que, de forma natural, tiendo cada vez más a lo pulcro, no me atrae demasiado (o más bien nada) la ornamentación retórica.

En esta revisión de Un incendio invisible, ¿has metido mucha tijera? ¿Hay grandes cambios en el contenido o en la forma respecto del libro original?

He recortado, sí, páginas o fragmentos que resultaban repetitivos o que no aportaban mucho al conjunto. Algún exceso estilístico también, los subrayados. He respetado el contenido: estructura, trama y personajes.

Me gustaría saber cómo es tu proceso de escritura: ¿planificas y tienes todo en la cabeza antes de ponerte a escribir o improvisas y te dejas llevar por la historia sin nada preconcebido de antemano? ¿Cuál es tú método para escribir?

Para mí, escribir es un proceso que empieza mucho antes de la primera página, es decir, desde el momento en que una idea me ronda y toma forma en mi cabeza. Parto de imágenes, ideas, pequeñas semillas todavía muy borrosas, que van concretándose a medida que avanzo. Nunca lo tengo todo claro antes de escribir... sería muy aburrido entonces, sería simplemente redactar.

Con tu trabajo, tu vida privada (tu hijo, tu pareja, etc) y tus compromisos periodísticos, ¿tienes todo el tiempo que quisieras para escribir?

Cuando quiero, saco tiempo de donde sea, no es problema. Mi vida personal, o todo lo que sale de lo literario, por así decirlo, no sólo no es un obstáculo sino que es un incentivo: creo que a los escritores nos viene bien salir de esa cáscara muchas veces ficticia del mundo literario, poner el pie en otras realidades. Lo que sí siento a veces que me falta es concentración, pero esto está más ligado a los imperativos del mundo editorial que a otra cosa... aunque intento controlar estos imperativos para que no me coman.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Novela, cuentos...? ¿Puedes adelantarnos algo? No puedo adelantar nada porque me he vuelto un poco supersticiosa y cada vez que hablo de mis proyectos no logro concretarlos.

Cuando te presentaste al Premio Herralde eras una autora desconocida, y eso hacía muy difícil optar a ganarlo o ser finalista si quiera. Me imagino que ser finalista del Herralde fue el punto de inflexión en tu carrera de escritora, ¿no?

Claro, fue fundamental, no sólo porque me dio una visibilidad de la que carecía, sino, sobre todo, porque me brindó seguridad y confianza. Saber que Jorge Herralde te apoya no es ninguna tontería.

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¿Qué sientes ahora al ver ya cuatro de tus libros publicados en Anagrama? Si echas la vista atrás y recuerdas a aquella Sara Mesa desconocida para el gran público, ¿alguna vez llegaste a soñar que podrías ser una autora reconocida?

Jamás, y aunque no lo creas, tampoco me importaba demasiado. Ni me importa ahora. Por supuesto, me encanta publicar en Anagrama y todo lo que ello conlleva, pero mi aspiración máxima es escribir buenos libros. El reconocimiento no garantiza nada, soy muy consciente de ello.

¿Qué escritores y escritoras te han marcado más?

Me han marcado y me marcan... Sigo leyendo y aprendiendo. Y por supuesto hay montones que me han impresionado. Pero por resumirlos en una dirección, te diría que siento una especial predilección por los autores "raros" que tienen miradas inusuales, entre los que entran Kafka, Beckett, Murdoch, Bernhard, Jaeggy...

¿A qué autores de tu generación destacarías hoy día?

Años arriba o abajo, en lengua española, me interesan mucho lo que están haciendo Pilar Adón, Pablo Gutiérrez, Mariano Peyrou, Samanta Schewblin, Patricio Pron, Liliana Colanzi, Emiliano Monge, Coradino Vega... Fijo que se me olvida ahora mismo gente, además de muchos que no he leído aún. No es cierto esto de que hoy día no hay buenos escritores. De hecho, creo que estamos en un muy buen momento.

Has recibido numerosísimos elogios de crítica, medios y lectores. ¿No sientes presión de cara a tu próximo libro? ¿Se puede crear con la misma libertad sabiendo que hay un montón de gente que espera tu próxima novela?

Bueno, ¡la verdad que tampoco creo que sea "un montón de gente"! Siento la misma presión ahora que antes, porque sé que con un nuevo libro defraudaré a algunos lectores y ganaré a otros, así que en este asunto no pienso. Mi reto es algo más íntimo, lo primero que necesito es vencer mi constante insatisfacción y después ya veremos si consigo satisfacer a los demás.