Sebastián Royo

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¿Estoy mejor que hace 4 años?

Publicado: 07/09/2012 10:47

Acaba de terminar la Convención del Partido Demócrata en EE UU, y ahora empieza la recta final de la campaña electoral. A menos de dos meses de las elecciones, el resultado sigue siendo impredecible y las encuestas siguen dando un empate técnico entre los dos candidatos, el presidente Obama y el gobernador Romney: antes de la Convención Demócrata, Real Clear Politics otorgaba a ambos candidatos un 46.3% de los votos.

Una de las claves de la elección puede estar en la participación: Se estima que más de 90 millones de potenciales votantes no van a votar (entre las razones que dan para no votar es que están muy ocupados, o que ningún candidato les entusiasma; piensan que sus votos no sirven para cambiar nada, o que con independencia de quién gane, no se soluciona nada). De acuerdo con una encuesta de mi universidad (Suffolk University) su preferencia sería claramente a favor a de Obama con un margen de 2-1. Si votasen podrían convertir una elección muy cerrada en una victoria aplastante para Obama.

La Convención del Partido Republicano no tuvo el impacto que se esperaba. Romney se enfrentaba a dos grandes objetivos: por un lado intentar centrar el debate electoral en la situación económica del país (y dejar de lado otros temas que pueden alienar a los votantes indecisos) y el record del presidente Obama gestionado la crisis; y al mismo tiempo darse a conocer como persona a los votantes para convencerles de que tiene los atributos para ser presidente y para que confíen él, y demostrarles que le preocupan los problemas de las clases medias. Hasta ese momento era todavía un desconocido y tenía que 'humanizarse.'

No parece que tuviese gran éxito. El discurso final de Romney aceptando la nominación de su partido en Tampa fue recibido con cierta indiferencia. Una encuesta de Gallup muestra que fue el discurso que ha recibido la nota más baja de todos los discursos desde que se iniciaron las encuestas, y el rebote en las encuestas que suele acompañar a una Convención no se ha materializado, algo sorprendente porque históricamente los nominados solían salir de sus convenciones con un rebote de hasta dos dígitos. Además, el número de espectadores por televisión fue entre un quinto y un 50% más bajo (dependiendo de la noche) que la Convención Republicana de 2008. Que el gran tema de discusión tras la Convención fuese el discurso incoherente y estrafalario de Clint Eastwood, lo dice casi todo. Esto es una confirmación más de la indiferencia, y del clima generalizado de escepticismo y en contra de los políticos que se ha intensificado como consecuencia de la crisis.

Además, Romney no consiguió separarse de las políticas de Bush (y el "vodoo economics", en palabras de Bush padre, de los Republicanos), y eso ha dejado un frente de ataque abierto para los Demócratas que siguen insistiendo que fueron esas políticas las que llevaron al desastre actual.

Obama puede ser el gran beneficiado de ese resultado. La Convención Demócrata acaba de terminar y es todavía pronto para saber el resultado. Obama y los demócratas tenían unos retos diferentes. La gente ya le conoce bien, y no tenía la necesidad de Romney de presentarse a los votantes y convencerles de que es 'humano' y que se preocupa de los problemas de las clases medias. Ya le conocen. Si acaso dadas las expectativas desmesuradas que su candidatura despertó hace cuatro años, su trabajo es convencernos de que sigue siendo el candidato que consiguió entusiasmar a millones de votantes.

Al mismo tiempo Obama tenía la misión de demostrar que el país está mejor que hace cuatro años (la famosa pregunta que formuló el presidente Reagan que encabeza este blog). Sus posibilidades de reelección van a depender en gran medida de cómo los votantes respondan a esa pregunta. Durante la Convención todos los oradores Demócratas han tratado de convencernos de que las cosas han mejorado y que, pese a que queda mucho por hacer, el país esta en la dirección correcta (en las palabras del VP Biden: "el viaje a la esperanza no ha terminado, pero estamos en el camino correcto") y que Obama necesita otros cuatro años para completar la tarea.

El presidente Clinton dio un discurso electrizante (la primera vez que un antiguo presidente nominaba a un candidato de un partido), en el que articuló de forma muy efectiva los logros de Obama (a veces con datos cuestionables), y defendía encarecidamente el record de Obama gestionado la crisis económica. Dada la relación complicada entre Clinton y Obama (además de las grandes diferencias de personalidad y carácter entre ambos, Clinton tardó en recuperarse de la derrota de su esposa ante Obama en la anterior campaña), había gran expectativa para ver cuan comprometido estaba con la reelección de Obama. Si había alguna duda, las disipó claramente. Muchos han interpretado su entusiasmo como el primer salvo de la próxima campaña electoral, en la que se especula en la posibilidad de que Hillary Clinton sea de nuevo candidata. Muchos periodistas comentaron que era el mejor discurso que Clinton había dado en su vida (un gran elogio para alguien que es considerado como uno de los grandes oradores políticos de las últimas décadas).

Muchos de los datos muestran que el país está mejor que hace cuatro años: por ejemplo, desde enero del 2010 se han creado 4,5 millones de empleos en el sector privado, e incluso si se descuentan los millones de empleos que se destruyeron el los dos primeros años de su mandato (en 2009 se destruía empleo a un ritmo de 800,00 empleos al mes), el saldo neto (332.000) sigue siendo positivo. Tal y como reportaba el NYT históricamente esta cifra es comparable al periodo de recuperación que siguió a la crisis de 1990, y es incluso superior a la que siguió a la recesión de 2000. Sólo el pasado mes de julio se crearon 163.000 empleos en EE UU. Además, aunque sea un crecimiento tímido, la economía sigue creciendo: un 1,7% en segundo trimestre de este año (en contrate a la contracción de 6,7% en el primer trimestre del 2009); y la inflación es prácticamente inexistente. ¡Ya quisiéramos esas cifras en Europa!

Además, Obama y los Demócratas insisten que han cumplido sus promesas principales: han conseguido sacar al país de las garras de una recesión que podía haber sido comparable a la Depresión de finales de los años 20 e inicio de los 30 del pasado siglo; han reducido los impuestos para las clases medias (y los ricos); han rescatado de la bancarrota a la industria del automóvil; han matado a Osama Bin Laden; han terminado con la impopular guerra de Irak y traído a las tropas de vuelta a casa; han conseguido pasar una reforma sanitaria para dar cobertura a millones de ciudadanos que actualmente no tienen seguro médico; han implementado una reforma casi sin precedentes del sistema financiero con el objetivo de tratar de prevenir los errores que llevaron a esta crisis; han nombrado a dos jueces liberales para el Tribunal Supremo; han liderado la coalición internacional que contribuyó a la caída de Gadafi en Libia; ha formado un tratado de no proliferación con Rusia; y tiene un plan para terminar con la guerra más larga que nunca ha luchado EE UU (en Afganistán)...

Sin embargo, una mayoría de los norteamericanos siguen pensando que están peor, y siguen viendo el vaso medio vacío: De acuerdo con una encuesta de CBS sólo un 20% de los encuestados piensan que están mejor económicamente que hace cuatro años, y un 39% que están peor. Esta paradoja se explica entre otras razones porque los ingresos medios han caído un 5% desde el inicio de la recuperación en 2009 (y eso es peor si tenemos en cuenta que los ingresos de las clases medias están estancados desde los 70); el desempleo sigue clavado por encima del 8%; y el sector de la vivienda sigue sin acabar de recuperarse. Es por ello que Obama tiene la ardua tarea en las próximas semanas de convencer a los votantes de que necesita más tiempo para resolver estos problemas, pero que sigue preocupado por los problemas de las clases media y que va a hacer todo lo posible por seguir ayudándoles.

Su gran problema fue (y sigue siendo) las expectativas irreales que despertó su candidatura hace cuatro años (su sueño de "curar al mundo" como se mofan de él los republicanos). No hay manera de que él, ni nadie, las pudiese cumplir. Los liberales le acusan de no haber sido suficientemente ambicioso, y le critican por no haber cerrado la aberración de Guantánamo, por no haber implementado unos paquetes de estímulo mayores que hubiesen reducido el desempleo; por haber contemporizado demasiado con el sector financiero y cedido a muchas de sus demandas; o por no haber hecho lo suficiente para ayudar a los que han perdido sus viviendas por la crisis. Los republicanos no le perdonan por el Obamacare; por el intervencionismo; por el aumento del papel del Estado en la economía y de las regulaciones; por su apoyo a los gays y al matrimonio entre homosexuales; y sobre todo por ser demócrata (y en muchos casos, aunque nunca lo digan, por ser afroamericano).

Un 47% de los encuestados piensan que las cosas van a empeorar para las próximas generaciones (era un 32% hace cuatro años), y tan solo un 24% piensa que van a mejorar. Es precisamente ese pesimismo el temor al futuro y las dudas sobre el tipo de país en el que quieren vivir, lo que puede decidir el resultado de esta elección.

Por último pese a que muchos piensan que las diferencias entre ambos partidos son mínimas, la realidad es que todavía son notables, sobre todo en el ámbito de las políticas domésticas: desde el papel del estado en la economía (en palabras de Obama "no pensamos que el Gobierno tenga la solución a todos los problemas, pero tampoco pensamos que sea la fuente de todos los problemas"), a los niveles impositivos, pasando por el tamaño del estado de bienestar, los derechos civiles y sociales, y también sobre el papel de EE UU en el mundo. En las próximas semanas el trabajo de Obama y Romney será marcar las diferencias en estas (y otras) áreas, y convencer a los votantes de que su proyecto de futuro merece su voto. Mucho esta en juego. Próxima parada los debates entre Obama y Romney.

 
 
 
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