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Las prioridades de Obama

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El presidente Obama acaba de terminar el discurso sobre el estado de la Nación. Había gran expectativa por ser el primer discurso después de la ceremonia de inauguración del mes pasado, donde para el deleite de sus seguidores más progresistas abrazo una agenda liberal progresista, y de su re-elección el pasado noviembre. Es tradicional que en este discurso tras la re-elección el presidente defina, no sólo el estado actual del país, sino también sus prioridades políticas y legislativas para su segundo mandato.

Obama no ha defraudado. Usando la gran capacidad oratoria que le catapultó a la presidencia, ha desgranado la situación del país y ha delineado la agenda política de su segundo mandato. Al mismo tiempo ha hecho una defensa agresiva del papel del Gobierno y de políticas liberales progresistas. Dado el momento actual de incertidumbre y debilidad económica no ha sorprendido que gran parte del discurso haya girado en torno a la economía. Obama ha descrito los logros conseguidos durante su primer mandato (se han creado 6 millones de empleos, ha mejorado el mercado inmobiliario, se están vendiendo un numero récord de automóviles), pero ha admitido que todavía queda mucho por hacer para asegurar que todos los ciudadanos se benefician (los ingresos medios siguen estancados en un momento de récord de beneficios para las empresas).

Durante la campaña Obama enfatizó la necesidad de reforzar a las clases medias (se presentó como su gran defensor en contraste con los republicanos, que estaban interesados en rebajar impuestos a los ricos), y durante el debate ha reivindicado medidas como la inversión en infraestructura, I+D+i, y educación (entre otras medidas ha propuesto trabajar con los estados para proporcionar guarderías gratis, reformar la educación media y reducir los costes universitarios); y en combatir el desempleo. Son medidas que centraron su campaña y que no pudieron implementarse suficientemente durante su primer mandato por la oposición de los republicanos. Además ha enfatizado la necesidad de llegar a acuerdos para aumentar el techo de endeudamiento (que fue pospuesto haces unas semanas), y para prevenir los recortes de 2 billones de dólares en gasto público que entrarán en vigor automáticamente el próximo mes si no se consigue un acuerdo.

También ha insistido en la necesidad de reformar el sistema impositivo para hacerlo más equitativo y que no sólo favorezca a los más ricos, y ha admitido la necesidad de reformar los programas sociales. Pero también ha hecho una defensa encendida del papel del Gobierno ("no un gran Gobierno, sino un Gobierno inteligente"). Clinton anunció hace más de una década que la era del gran Gobierno era historia, hoy ha parecido que el Gobierno había resucitado.

El reto será como crear oportunidades para las clases medias sin aumentar el endeudamiento para las futuras generaciones. En este sentido Obama ha admitido la necesidad de reducir el déficit, pero al mismo tiempo ha enfatizado que "la reducción del déficit por sí sola no es un plan económico" (algo que deberíamos aprender en Europa), sino que la "estrella que debe guiar nuestros esfuerzos es el crecimiento y la creación empleo" (¡Hola Europa y España!).

Además de la economía, ha habido otros temas que han centrado el discurso. En primer lugar, la inmigración. Desde la reforma migratoria de Reagan ha habido varios intentos de resolver el problema de la inmigración ilegal. Siempre han fracasado, fundamentalmente por la oposición de los republicanos que han rechazado cualquier solución que incluyese una amnistía para los 11 millones de indocumentados que viven en el país sin permiso. Tras esta oposición ha habido también intereses políticos (el temor a que los inmigrantes que consiguiesen la nacionalidad voten a los demócratas y cambien el precario equilibrio en muchos distritos electorales), económicos (miedo a que los inmigrantes quiten el trabajo a los nativos, sobre todo en un contexto de crisis), e incluso racismo y resentimiento por muchos WASP (anglosajón blanco protestante, en sus siglas en inglés) hacia inmigrantes de color (que en su mayoría son católicos, mestizos y provienen de Latinoamérica).

Afortunadamente las últimas elecciones han generado una nueva dinámica que puede hacer posible un acuerdo. Por fin los republicanos se han dado cuenta de que la realidad demográfica del país está en su contra y que será cada vez más difícil ganar unas elecciones presidenciales alienando a los votantes hispanos (que en esta ocasión, descontentos con el discurso radical anti-inmigrante de los republicanos, votaron masivamente por Obama). Esta derrota ha abierto un debate dentro del partido sobre la necesidad de recuperar el voto hispano, y ha posibilitado el resurgir de voces que defienden la reforma migratoria (el senador por Florida, Marco Rubio, que está defendiendo la reforma migratoria, ha sido el encargado de dar la respuesta Republicana al discurso a Obama, y también ha hablado en castellano). Además cada vez hay más presión por parte de las empresas para seguir atrayendo a los mejores talentos de otros países, así como para permitir que se queden en EEUU los que se gradúan de las universidades estadounidenses.

El segundo gran tema ha sido el medioambiente, una de las grandes asignaturas olvidadas durante su primer mandato. Los estragos meteorológicos de los últimos meses, desde huracanes a las tormentas de nieve casi sin precedentes (en Boston seguimos enterrados en la nieve tras la tormenta del sábado, los colegios han cerrado por segundo día consecutivo, y hay partes del Estado que siguen sin electricidad) están reforzado la necesidad de tomarse en serio el cambio climático y adoptar medidas para tratar de controlarlo.

Durante el discurso Obama, además de proponer la adopción de políticas medioambientales más activas para proteger el medio ambiente (como mayores límites a las emisiones; mayor inversión en energías alternativas y nuevas tecnologías; y más poderes a la agencia medioambiental), ha enfatizado los beneficios que se pueden derivar para el empleo, la iniciativa privada, y los negocios, de la adopción de políticas de regulación medioambiental.

La regulación de las armas ha sido el otro gran tema que ha cerrado el discurso (muchos congresistas y el vicepresidente Biden llevaban un lazo verde en apoyo a las víctimas de matanzas). En un país extraordinariamente polarizado sobre este asunto y sobre la interpretación del la segunda enmienda a la Constitución (en las últimas semanas se ha producido un aumento masivo en la venta de armas de fuego ante la perspectiva de que vayan a establecer nuevos controles), la reciente matanza de Newton ha galvanizado, por fin, a la nación y ha generado un nuevo contexto que puede posibilitar reformas modestas para controlar el acceso a las armas, prohibir la venta de armas de asalto, limitar el número de proyectiles de los cargadores, y extender el control de los antecedentes para aquellos que quieran comprar armas. Quizás ha sido la parte más emotiva del discurso, con Michelle Obama sentada la lado de los padres de un niño que fue asesinado hace unos días en un parque en Chicago a unas pocas manzanas de la residencia de los Obama, y con Obama urgiendo al Congreso a votar su propuesta y repitiendo hasta cuatro veces: "They deserve a vote" (ellos se merecen un voto).

La política exterior no ha ocupado mucho tiempo del discurso (lo cual no es una sorpresa), pero Obama ha anunciado la reducción del arsenal nuclear de Estados Unidos en todo el mundo. También ha comunicado el repliegue de 34.000 soldados de Afganistán antes de que termine este año para terminar con la guerra externa más larga que ha luchado el país en su historia. Ha defendido el papel de su gobierno en mantener la legalidad en sus acciones antiterroristas (en un momento de gran controversia sobre el posible abuso de los drones para matar indiscriminadamente a sospechosos). Ha sostenido su compromiso de prevenir que Irán construya armas nucleares; de luchar contra los ataques cibernéticos (ha pedido nueva legislación que dé más poder al Gobierno para proteger la seguridad nacional y la privacidad); ha anunciado el inicio de negociaciones para alcanzar un acuerdo de libre comercio e inversión con la UE. Se ha comprometido a trabajar con otros países para derrotar la pobreza extrema, y a trabajar para apoyar las transiciones a la democracia en Oriente Medio pero defendiendo los derechos humanos (ha criticado a Siria). Ha cerrado su discusión sobre política exterior anunciado su viaje a Oriente Próximo el mes que viene, y su compromiso de trabajar codo a codo con Israel para conseguir la paz.

Por último, ha descrito otras propuestas para defender los derechos de los votantes (y asegurar que no se repiten los problemas que miles de votantes experimentaron durante las últimas elecciones: en la sala estaba presente una votante de 102 años que esperó 6 horas en Miami para votar); introducir legislación para garantizar el salario equitativo a mujeres; aumentar el salario mínimo para que nadie que trabaje viva por debajo de la pobreza (en un momento de salarios record para los CEOs); o medidas para fortalecer a las familias y las comunidades.

Pese al carácter fundamentalmente simbólico de estos discursos (en el sistema de separación de poderes de EEUU el presidente no es un miembro del Congreso) son importantes porque permiten al presidente usar su púlpito para tratar de movilizar a la opinión publica a favor de sus prioridades legislativas. Incluso en un momento como el actual, con los Republicanos y Demócratas tan polarizados, es todavía más importante para el presidente conectar con los electores y convencerles de que presionen a sus legisladores para que apoyen sus iniciativas.

Al mismo tiempo este discurso en particular ha sido también importante porque el primer año tras la re-elección de un presidente ha sido tradicionalmente clave para que pueda sacar adelante iniciativas legislativas ambiciosas. Tras los primeros 18 meses se activa de nuevo el ciclo electoral, con las elecciones al Congreso y parte del Senado que tienen lugar cada dos años, lo que hace muy difícil construir consensos y aprobar nuevas leyes.

Desde el punto de vista político Obama ha ofrecido una rama de olivo a sus oponentes y ha hecho una llamada al consenso y al acuerdo. Ha empezado el discurso con una referencia al presidente Kennedy que defendió en un discurso similar que la "Constitución no nos hace rivales por el poder, sino aliados en el progreso... mejorar el estado de la unión es la tarea colectiva de todos." Pero al mismo tiempo ha sido agresivo atacando a los republicanos por sus propuestas de reducir los programas sociales para reducir el déficit, y por poner la carga en las clases medias y no en los ricos.

Tras más de veinte años viendo estos discursos me sigue cautivando la majestad del evento, el respeto a la institución del presidente, y la capacidad de los legisladores de abandonar, aunque sea sólo momentáneamente, sus diferencias, y escuchar respetuosamente a su presidente. Más allá de la política, también me sigue sorprendiendo el simbolismo (muchas veces rozando lo sentimental) y la teatralidad del evento; la tradición de usar ejemplos de ciudadanos presentes en la sala para apoyar las propuestas; el optimismo que irradia de los discursos; y el patriotismo que envuelve todo el evento. Es una celebración única.

Obama tenía que demostrar que el país está progresando y que va a hacer todo lo posible para que las cosas sigan mejorando. El riesgo era que se repitiese (como pasó el último año) y pienso que lo ha evitado. El reto era avanzar más allá de la política del momento y definir una agenda para su segundo mandato centrada en restaurar la prosperidad de las clases medias del país. Su discurso iba dirigido a los votantes (no tanto a los miembros del Congreso) y su objetivo era movilizar a sus bases para que le ayuden en la lucha que se avecina contra los republicanos. Siguiendo su discurso inaugural, el tono ha sido combativo y ambicioso. Queda por demostrar, una vez más, si su capacidad oratoria se traduce en hechos o si queda meramente en palabras bonitas (como ha sucedido otras veces). Los próximos meses nos darán la repuesta.

Discurso del Estado de la Unión
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