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Obama: Otra cita con la historia

21/01/2013 16:24 CET | Actualizado 23/03/2013 10:12 CET
AFP

Hoy empieza el segundo mandato del presidente Obama. La ceremonia de inauguración ha vuelto a despertar grandes expectativas, pero no se espera que tenga el impacto de la de hace cuatro años, cuando logró congregar a más 1,8 millones de personas en Washington (este año se esperan unas 600.000).

En los últimos cuatro años Obama y EEUU han cambiado de forma significativa. Sin duda que muchas de las grandes expectativas que se generaron con su elección en 2008 han quedado defraudadas. Obama ganó las elecciones como un agente de cambio. Se presentó como un nuevo político no tradicional, que procedía de fuera del sistema, y que sería capaz de transcender las divisiones políticas y raciales, así como la polarización que han caracterizado cada vez más el funcionamiento de las instituciones políticas estadounidenses (y las están haciendo cada vez más disfuncionales). Su mensaje de esperanza ilusionó a millones de votantes y creó unas expectativas irreales de cambio.

A cuatro años vista hay claros y oscuros en su gestión. Los logros son innegables: desde rescatar al país de las garras del abismo en que se encontraba tras la crisis que se detonó por implosión de las hipotecas basura (pese a que muchos critican la timidez e insuficiencia de las medidas de estímulo); al rescate del sector automovilístico; a la reforma del seguro de salud (la más ambiciosa de las últimas décadas); o la reforma del sistema financiero; hasta sacar al país de la guerra de Iraq; acabar con Osama Bin Laden; o restaurar (al menos en parte) la reputación de EEUU en el mundo.

En otras áreas, sin embargo, los avances han sido mucho más modestos: en inmigración (se aprobaron tímidas medidas que facilitarán el acceso a la ciudadanía a hijos de inmigrantes); o en impuestos (se consiguió repeler las bajas de impuestos de Bush); o en temas de seguridad nacional (se han limitado las grabaciones sin aprobación judicial), todavía queda mucho por hacer. Por último, hay promesas que han quedado olvidadas en el camino: desde cerrar la base de Guantánamo, hasta imponer unas regulaciones mucho más estrictas a los grupos de presión; o impulsar medidas para afrontar de forma más ambiciosa el cambio climático.

Sin duda una de las mayores decepciones ha sido su incapacidad de transcender las confrontaciones con los republicanos. Si acaso hoy son más pronunciadas que hace cuatro años. La emergencia del Tea Party ha radicalizado aún más a los republicanos y ha hecho más difícil conseguir acuerdos. Sin embargo, Obama también ha sido muy criticado por su estilo de liderazgo distante y poco dialogante (mejor dando discursos que escuchando), y por su incapacidad de establecer relaciones con los líderes del Congreso que facilitaran las negociaciones y los acuerdos legislativos. Los presidentes que más éxito han tenido han sido los que han colaborado con sus oponentes, han trabajado estrechamente con el Congreso, han delegado en sus equipos, y han construido procesos de decisión inclusivos pero que reflejaban disenso y diversidad. Hasta ahora Obama ha dejado mucho que desear en casi todas esas áreas. Si va a tener éxito en su nuevo mandato tendrá mucho que mejorar. Es de esperar que haya aprendido de sus errores.

Su nuevo mandato va a estar condicionado por la situación económica y política. La economía seguirá siendo sin duda su gran caballo de batalla: pese a que la crisis ha pasado el crecimiento económico es todavía mediocre, el desempleo sigue alto, y las desigualdades siguen aumentando. Pese a que el desempleo ha caído por debajo del 8% (está alrededor del 7,8%), ello se debe en parte a que cientos de miles de personas han decidido dejar de buscar trabajo. La deuda pública ha alcanzado un record 16,4 billones de dólares, y el país todavía se enfrenta a un nuevo precipicio fiscal si republicanos y demócratas no llegan a un acuerdo para aumentar el techo de deuda antes de marzo.

Desde el punto de vista político su gran reto será su gran asignatura pendiente: conseguir acuerdos con los republicanos que siguen teniendo mayoría en la Cámara Baja y capacidad de bloqueo en el Senado. Pese a su victoria, su capital político es reducido. Una encuesta reciente del New York Times muestra que sigue teniendo el apoyo de los votantes pero por un margen muy reducido: tan sólo un 51% (era del 62% hace 4 años), y marcado por una división partidista (8 de 10 republicanos desaprueban cómo está haciendo su trabajo). Las buenas noticias para él es que el Congreso es aún más impopular: un 82% desaprueban de su trabajo, ¡lo que sitúa al Congreso por detrás de las cucarachas y las colonoscopias en desaprobación!

El otro gran problema será que tiene un margen de tiempo muy reducido para poder obtener resultados. Los próximos 12-18 meses serán clave. Después los congresistas se empezarán a centrar en las elecciones legislativas de 2015 y en las primarias en sus distritos (lo que hace mucho más difícil conseguir acuerdos), e inmediatamente después empieza la campaña interminable para las siguientes presidenciales. Este calendario comprime el ciclo político y deja muy poco margen de maniobra para conseguir aprobar reformas ambiciosas.

Obama ya ha empezado a definir sus prioridades para su segundo mandato. Todavía sigue hablando de cambio, pero en un contexto político tan difícil y disfuncional como el actual, hay dudas de cuánto se podrá conseguir. Además de la economía hay otros tres temas claves: la inmigración, el control de las armas de fuego (en el 2011 hubo 11.101 homicidios causados por armas de fuego en EEUU, y la reciente matanza de niños en Newtown ha dado un gran impulso a este problema), y el cambio climático.

Con más de 11,1 millones de inmigrantes ilegales en EEUU, la reforma migratoria se ha convertido en una de las grandes prioridades. Tras varios intentos fallidos en los últimos años las últimas elecciones pueden haber generado una posibilidad de acuerdo. Tras el varapalo que sufrieron los republicanos entre los votantes hispanos, por fin parecen haberse dado cuenta de que las realidades demográficas no les dejan otra opción que tratar de atraer el voto hispano. La dialéctica anti-inmigrante de las últimas elecciones les llevó al fracaso, y ya hay personalidades importantes dentro del partido que están trabajando en un posible acuerdo.

Hegel dijo una vez que "la experiencia y la historia muestran que las personas y los gobiernos nunca han aprendido nada de la historia". Es de esperar que este axioma no se repita porque Obama debería de aprender de lo que le pasó a sus antecesores más directos. Si se analiza la historia más reciente, los segundos mandatos no han sido benevolentes con los presidentes reelegidos. Nixon se vio obligado a dimitir por el escándalo de Watergate; Reagan sufrió el escándalo de los contras y la compra de armas por Irán; Clinton tuvo que afrontar un procedimiento de impeachment por su relación con Monica Lewinski; y G. W. Bush vio su segundo mandato descarrilado por el desastre de la guerra de Iraq y por la explosión de la crisis económica. Obama es un gran observador y estudioso de la historia y hará lo posible para evitar terminar de igual forma. Pero no va a depender sólo de él.

Por último, la historia también muestra que en los dos últimos años de un segundo mandato los presidentes reelegidos son "sitting ducks" (patos sin alas) con poca capacidad de influencia en las políticas domésticas, por lo que se suelen centrar en la política exterior. Si Obama quiere cumplir sus ambiciones tendrá que conseguirlo en los próximos 12-18 meses. Para ello tendrá que poner toda la carne en el asador y utilizar todo el capital político que ha conseguido con su reelección. El mundo y la historia le siguen esperando.

La toma de posesión de Obama, en fotos

Las imágenes del acto

El Huffington Post te cuenta la ceremonia de Inauguración en directo:

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