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El año en que se puso de moda la transparencia

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Foto: EFE

Volvimos a la plaza, era 16 de mayo por la mañana y hacía un calor en Madrid.... El día anterior había sido duro: preparación de la manifestación, manifestación y post-manifestación con media maratón por el centro de Madrid, antes de que las zapatillas de running se pusieran de moda. Cuando fuimos a descansar, había un grupo de 15 o 20 personas en la plaza, con intención de acampar, y habíamos quedado en volver por la mañana si seguían allí. Y allí seguían.

La plaza fue tomando cuerpo a lo largo del día y, para la hora de comer, ya habíamos habilitado un buzón para recolectar propuestas y varias comisiones programáticas y logísticas. No paraba de llegar gente. Recuerdo que al final de la tarde estaba sentado en una asamblea junto a una empleada de Google. En ese momento fue cuando me di cuenta de que lo que se estaba gestando iba mucho más allá de nada en lo que hubiera participando en mi trayectoria activista. No era una expresión de la gente previamente organizada, ni una movilización de izquierdas o de derechas, era la ciudadanía harta de engaños y de pagar los costes de una crisis de la que no eran responsables. Esa noche nos desalojaron. Al día siguiente, ocho mil personas inundaron Sol, y el resto de la historia ya la han visto por televisión.

Recuerdo que en una de las primeras asambleas decidimos no aceptar donaciones en dinero, solamente en material. Así, se puso en marcha una herramienta de crowdsourcing en la web de la acampada para conseguir todos los materiales que se iban necesitando. Así empezaron desde muebles viejos hasta proyectores, pantallas y equipos de sonido de alta fidelidad. Recuerdo también el empeño que había en que todas las reuniones se retransmitieran por streaming, cuando esa palabra solo la conocían los más experimentados en ver fútbol en rojadirecta.

La transparencia tiene ganadores y perdedores, y aquellos que han gestionado lo público como si fuera su cortijo son los que tienen mucho que perder si se conoce lo que pasa detrás de las cámaras.

Recuerdo que cuando abrimos los buzones de propuestas teníamos cierto temor a lo que nos podíamos encontrar allí dentro. Los contenidos que podían movilizar a toda esa gente que se había sentido interpelada por esas pancartas que decían "no somos mercancía en manos de políticos y banqueros'' y otra que decía ''sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo' 'eran una incógnita para todo el mundo. Suspiramos cuando vaciamos la caja y descubrimos que la mayor parte de las propuestas se parecían bastante a la tabla de reivindicaciones de sentido común, que habían publicado Democracia Real Ya y Juventud Sin Futuro. Entre estas reivindicaciones había varias propuestas de transparencia en la financiación de partidos, como la total transparencia de las cuentas y de la financiación de los partidos políticos, como medida de contención de la corrupción política. Tras la capilarización de la asamblea de Sol hubo varios colectivos que recogieron el testigo y que desarrollaron las propuestas de transparencia del 15M como Civio, Cuentas Claras u Openkratio.

Cuando tres años después nos pusimos a diseñar un modelo de financiación y transparencia inspirado en los principios del 15M para Podemos, pensamos que tenía que basarse en tres principios fundamentales inspirados en el espíritu de las plazas: la transparencia, la independencia y la participación. La independencia porque no queríamos depender de bancos y grandes fortunas que pudieran condicionar nuestro funcionamiento; la participación porque la mejor garantía de esa independencia de los bancos es depender de la gente y la transparencia porque para depender de la gente es imprescindible que cada ciudadano pudiera auditar la proveniencia y el destino de hasta el último euro aportado.

Si el 15M había innovado en el uso de redes sociales para comunicar, con Podemos fuimos un paso más allá, al utilizar las redes sociales como herramientas de canalización de la participación, de la financiación y de la auditoría ciudadana de nuestras cuentas. Mientras en España se multiplican las querellas y las supuestas investigaciones contra la financiación de Podemos que luego acaban archivadas y con los denunciantes en la cárcel, nuestro modelo ha sido reconocido como un ejemplo a seguir por organizaciones internacionales como IDEA, y hasta hemos sido protagonistas de un documental sobre financiación participativa.

Una vez en los parlamentos hemos tratado de trasladar los sistemas de transparencies que empleamos en el Partido a las instituciones mediante la Ley de Cuentas Abiertas, que plantea el acceso a las cuentas bancarias de todas las administraciones en tiempo real y que ya ha sido aprobada en los parlamentos extremeño y valenciano, o la propuesta de visualización de la ejecución de los presupuestos generales, basada en las propuestas de Civio que fue aprobada en la Comisión de Presupuestos del Congreso.

La transparencia es la mejor vacuna contra la corrupción, pues permite a la ciudadanía y a los medios de comunicación escrutar la actividad de la administración en tiempo real para evitar desmanes y negligencias. El 15M puso de moda la transparencia, y ahora hasta el partido que destroza a mazazos el disco duro de su tesorero se llena la boca con ella, aunque vote en contra de todas las propuestas concretas que hacemos en esta materia. La transparencia tiene ganadores y perdedores, y aquellos que han gestionado lo público como si fuera su cortijo son los que tienen mucho que perder si se conoce lo que pasa detrás de las cámaras. Por eso el PP y PSOE piden transparencia donde no gobiernan y la rehúyen donde gobiernan, nosotros la pedimos y la practicamos, porque el que no tiene nada que esconder no tiene problema en enseñar.