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Trump es el líder adecuado para alcanzar la paz con Corea del Norte

13/12/2017 16:07 CET | Actualizado 13/12/2017 16:07 CET

"Estamos dispuestos a conversar en cuanto Corea del Norte quiera conversar", ha dicho este martes el jefe de la diplomacia estadounidense, Rex Tillerson. Tras un año de amenazas e insultos entre el presidente estadounidense Donald Trump y el dirigente norcoreano Kim Jong-un, ¿son esas declaraciones un presagio de una disminución de las tensiones?

Así lo ha entendido Rusia, cuyo portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha celebrado este miércoles el cambio de tono "constructivo" de EEUU respecto al país comunista. "Podemos comprobar que esas declaraciones constructivas son mucho más satisfactorias que la retórica de la confrontación que oímos hasta el momento. Sin duda, podemos celebrarlo".

En China también han elogiado la voluntad estadounidense de continuar con la vía diplomática para resolver la crisis norcoreana. "Esperamos que EEUU y Corea del Norte trabajen en la misma dirección tomando pasos meditados para dialogar y ponerse en contacto", ha dicho el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Lu Kang.

La creciente crisis en la península de Corea es el resultado del choque de dos grandes egos que luchan por el reconocimiento. Con estos dos impredecibles jefes de Estado enfrentados (Donald Trump por los Estados Unidos y Kim Jong-un por Corea del Norte), aumentan las posibilidades de que se desate un caos mayor, pero también surge la oportunidad de cambiar las tornas en busca de la paz. Lo que haga Donald Trump con sus cartas, sin perder de vista al nuevo presidente de Corea del Sur y el rol de China, decidirá el futuro. Si opta por intentar rebajar la tensión, Trump tendrá que seguir una hoja de ruta bien medida que establezca un diálogo abierto con Kim Jong-un para que cese el desarrollo de armas nucleares en Pionyang.

La situación en Corea del Norte se remonta a muchos años antes de que Donald Trump se convirtiera en el presidente de los Estados Unidos, cuando Kim Jong-un heredó la ambición nuclear de su padre, Kim Jong-il. No obstante, la atrevida forma de ser y las habilidades de negociación de Trump nos sitúan ante una oportunidad única que hace mucho tiempo parecía fuera del alcance de cualquiera. El hecho de que tanto Jong-un como Trump estén empeñados en mostrar el poderío de sus respectivos países podría terminar mitigando la crisis en lugar de exacerbarla.

Para Kim Jong-un, las armas nucleares son el modo de garantizar la legitimidad de su dictadura familiar. O esa era su idea antes de que apareciera en escena Donald Trump.

Cuando tenía 27 años, Kim Jong-un heredó un país devastado económica y socialmente sin ninguna indicación de cómo dirigirlo. Se propuso conseguir el reconocimiento internacional convirtiendo el país en una potencia nuclear y, según ha hecho saber durante su mandato, piensa que ese es el único motivo que ha disuadido a los Estados Unidos de atacarles.

Para el presidente norcoreano, las armas nucleares son el modo de garantizar la legitimidad de su dictadura familiar y de mantener el control. O esa era su idea antes de que apareciera en escena Donald Trump. Trump, un hombre que también detesta perder y que lo ninguneen, resultó ser un rival inesperado. Vio en Kim Jong-un la ocasión perfecta para demostrarle al mundo el poder de los Estados Unidos y su adscripción a la doctrina del expresidente Ronald Reagan: "La paz a través de la fuerza", la idea de estar preparado para una guerra con el fin de mantener la paz.

Desde los primeros días de su campaña presidencial, Donald Trump siguió esa ruta y dejó claro que no cedería a las provocaciones nucleares de Corea del Norte. Como presidente, su discurso sobre los ataques preemptivos y preventivos a las instalaciones y misiles nucleares de Corea del Norte fueron su principal baza en este asunto, y parece que ha agitado la situación. Al contrario de las predicciones de los expertos, que temían que el tono duro de Trump avivara las tensiones ya existentes, Kim Jong-un dejó que pasara el mes de abril sin realizar un sexto ensayo nuclear. El líder de los norcoreanos parece estar reaccionando a las amenazas del líder estadounidense. De hecho, desde Pionyang se ha lanzado la idea de mantener conversaciones bilaterales entre los dos países. Pero esto no significa que haya desaparecido la amenaza de más ensayos nucleares, como quedó demostrado a mediados de mayo con otro test.

Personalmente, aplaudo la política de máxima presión y dedicación que está llevando a cabo Trump con Corea del Norte. El despliegue de armas estratégicas estadounidenses por la península de Corea es una acción necesaria si queremos reprimir las provocaciones de Kim Jong Un. Dicho movimiento estratégico, bien acogido por Corea del Sur, debe ser apoyado por sanciones internacionales.

Korean Central News Agency/ Reuters
Trump debería oponerse a las pruebas de misiles de Corea del Norte, pero eso no es todo.

Sin embargo, oponerse al régimen norcoreano por sus ensayos con armas nucleares no es lo único que debería hacer Trump. Hasta ahora, esta estrategia ha servido para mantener un equilibrio entre los dos países, pero para lograr la desnuclearización a largo plazo de Corea del Norte, debe ir más allá y matizar.

A mi país, Corea del Sur, se le acaba el tiempo.

En este aspecto, Donald Trump va por el camino correcto. Sus declaraciones de que Kim Jong-un es un "hombre bastante espabilado" y que estaría encantado de reunirse con él le servirán para mantener abierta la puerta de la colaboración y llevar a buen puerto el diálogo entre ambos países, una tarea en la que los anteriores líderes estadounidenses fracasaron. Pero no será sencillo.

La víctima inmediata podría ser Corea del sur

Antes de que podamos ver una cumbre entre ambos líderes, hay unos desafíos cruciales que resolver para que esta crisis no alcance unos niveles insostenibles. No parece probable que Kim Jong-un renuncie a su programa nuclear, ahora que ya está en su fase final de desarrollo, para reunirse con Trump. Y si no lo hace, Corea del Sur sufrirá las peores consecuencias.

A mi país, Corea del Sur, se le acaba el tiempo. Si, como los expertos vaticinan, Corea del Norte consigue disponer de hasta 50 ojivas nucleares para el 2020, su desnuclearización podría no ser factible en las siguientes décadas (o incluso en el siglo XXI) a no ser que el régimen norcoreano colapsara. Por lo tanto, es imprescindible que los Estados Unidos tomen medidas para detener el desarrollo nuclear de Corea del Norte antes de que en Pionyang dispongan de misiles balísticos intercontinentales capaces de alcanzar los Estados Unidos. Dicho desarrollo solo provocaría las represalias de los Estados Unidos y la posibilidad de que se iniciara una guerra en la región, que sería un duro golpe a la estabilidad de Corea del Sur.

Corea del Sur debe hacer todo lo posible por evitar la guerra. Muchos surcoreanos preferiríamos mantener esta mala paz que presenciar una guerra, aunque el resultado final nos fuera favorable, de modo que Donald Trump ha de tener mucho cuidado con sus negociaciones. Si los Estados Unidos tomaran medidas drásticas, como realizar un ataque preemptivo a las instalaciones nucleares norcoreanas, provocarían, sin duda alguna, una reacción de Corea del Norte en las bases estadounidenses de Corea del Sur y Japón, lo que conduciría, en el mejor de los casos, a una guerra limitada, y en el peor, a una segunda guerra en la península de Corea. Por eso los surcoreanos preferimos que las medidas de los Estados Unidos sean más cautelosas. Sí, hay que estar atentos a las provocaciones militares de Corea del Norte, pero la reacción no puede ser tan agresiva que provoque una guerra total. La elección de Moon Jae-in (el candidato que más defendía el diálogo con los norcoreanos) como presidente de Corea del Sur es un claro indicativo de que el país desea una solución pacífica.

La siguiente jugada de Trump: establecer una hoja de ruta con Pekín y Seúl

En el tiempo que lleva como presidente de los Estados Unidos, Donald Trump ya ha logrado progresos con Corea del Norte. Mediante una reunión en Florida con el presidente chino, Xi Jinping, logró la promesa de que China colaboraría con la comunidad internacional para lograr la desnuclearización de Corea del Norte, incluyendo, entre otras medidas, la interrupción del suministro de petróleo. Pero China podría hacer más y Trump deberá presionar al presidente Xi Jinping para que su oposición a las políticas nucleares de Corea del Norte se refleje en la práctica. Y tendrá que seguir trabajando para rebajar la tensión de la crisis actual, colaborando con China y Corea del Sur en el desarrollo de una hoja de ruta que conduzca a la paz en la península de Corea.

Carlos Barria / Reuters
Trump tendrá que presionar para que Xi Jinping haga algo más en esta crisis.

Esta hoja de ruta podría dividirse en dos fases:

1. Detener el desarrollo actual de armas nucleares de Corea del Norte

La suspensión del programa nuclear debe ser transparente, completamente revisado y debe recibir el visto bueno de toda la comunidad internacional. Si los Estados Unidos inician las conversaciones con Corea del Norte al mismo tiempo que este régimen sigue poseyendo 20 o más ojivas nucleares, a los surcoreanos no nos quedará más remedio que cargar el resto de nuestras vidas con el peso de tener como vecino a un país que es una amenaza nuclear, sin saber cuándo se llevará a cabo su desnuclearización, si es que algún día se llega a conseguir. La administración Trump, por lo tanto, ha de tener en mente las preocupaciones de los surcoreanos y reafirmar hasta qué punto está dispuesto a disuadir a Corea del Norte de emplear armas nucleares. Por ejemplo, con su propuesta de desplegar un paraguas nuclear en la región.

Para alcanzar este acuerdo sobre la suspensión del programa nuclear de Corea del Norte, los Estados Unidos deberán ganarse su confianza asegurando que después no promoverán un cambio de régimen y que establecerán una política de no agresión.

2. Iniciar el diálogo con Corea del Norte

Llegados a esta fase, los Estados Unidos deben compartir los detalles y las estrategias de la negociación con Corea del Sur de forma que no quede aislada del proceso de negociación. Una vez iniciadas las conversaciones entre los Estados Unidos y Corea del Norte, Corea del Sur debe ser considerada el segundo pilar de la hoja de ruta hacia la paz. Al final de esta fase de negociaciones, es imprescindible que Corea del Norte garantice, de forma fiable y verificable, su intención de renunciar a todos sus programas nucleares y misiles balísticos.

La participación de Corea del Sur, China, Japón y Rusia es esencial para que Corea del Norte no perciba a los Estados Unidos como una amenaza.

Cuando el diálogo entre los Estados Unidos y las dos Coreas llegue a una fase avanzada, la colaboración debe estar bien coordinada y se debe invitar a China a formar parte de dicho tratado. Este tratado de paz deberá ser respaldado también por las otras dos potencias regionales: Rusia y Japón. La participación de estas cuatro potencias es esencial para que Corea del Norte no perciba a los Estados Unidos como una amenaza. Para llegar a este punto, especialmente teniendo en cuenta que Kim Jong-un y Donald Trump son hombres imprevisibles, los Estados Unidos y Corea del Norte no pueden permitirse malinterpretar las intenciones de la otra parte. Si en Pionyang siguieran realizando ensayos nucleares y desde Washington lanzaran un ataque preemptivo, quién sabe qué podría pasar.

Es en ese momento en el que imploro al presidente Donald Trump que siga una política coherente e incondicionalmente seria en el asunto de Corea del Norte. Cambiar de idea a la ligera sobre asuntos de vida o muerte para Corea del Sur es como decir que Corea del Sur debería pagar por el sistema antimisiles THAAD, financiado por los Estados Unidos y ahora desplegado en suelo surcoreano como parte de nuestra alianza. Un acercamiento así solo siembra la confusión y aumenta la confianza de Kim Jong-un. Los Estados Unidos tienen que mantener el equilibrio en el juego del palo y la zanahoria con Corea del Norte para lograr que la hoja de ruta en cuestión tenga un resultado favorable. Con Trump, hay esperanza.

Kim Kyung Hoon / Reuters
El presidente surcoreano Moon Jae-in parece tan decidido a lograr la paz a través del diálogo como lo está Trump tratando de contrarrestar el programa nuclear de Corea del Norte.

Quien ocupa ahora el Despacho Oval de la Casa Blanca es un hombre con experiencia en las negociaciones y con un instinto agudo como hombre de negocios. En comparación con su predecesor, el expresidente Barack Obama, Donald Trump afronta los desafíos que se le presentan con mayor osadía. Esa es su fortaleza. Donald Trump puede ser el presidente que cambie las tornas en la región de Corea y transforme los problemas en oportunidades para resolver el asunto de Corea del Norte. Pero solo será posible si pasa a la acción concentrando su determinación en un plan concreto como el que he propuesto.

Por ahora, en lo que respecta a la seguridad en la península de Corea, el nuevo presidente surcoreano desempeñará un papel activo en una situación delicada que un alto cargo de la CIA denominó un "polvorín". Afortunadamente, el progresista Moon Jae-in parece tan decidido a lograr la paz a través del diálogo como lo está Trump de disuadir a Corea del Norte de seguir desarrollando su programa de misiles nucleares, que es la raíz de toda esta crisis.

La alianza entre Corea del Sur y los Estados Unidos es lo suficientemente sólida como para manejar esa tensa situación. Y ambos presidentes formarán un tándem perfecto, de modo que espero ver una estrategia de Trump que sea audaz, creativa y coherente, y ojalá pueda colaborar con los presidentes de Corea del Sur y China para alcanzar, al fin, la ansiada paz en la península de Corea.

Este post fue publicado originalmente en 'The World Post' y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.