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¡Mucha suerte, Río!

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ANTORCHA OLIMPICA
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Mañana, muchos vamos a estar delante de una pantalla, deseosos de ver el comienzo del mayor espectáculo deportivo del mundo. Río de Janeiro acoge los XXXI Juegos Olímpicos y Paralímpicos, los primeros en América del Sur, y estoy seguro de que la ciudad brasileña hará un trabajo fantástico. Al Reino Unido le honra haber aportado su granito de arena para que así sea.

Y es que hace cuatro años era Londres, mi ciudad, la que afrontaba este enorme reto en medio del temor y de las críticas de que todo saldría mal. Pero no fue así. Desde la espectacular ceremonia de apertura dirigida por Danny Boyle -cómo olvidar el encuentro entre la reina Isabel II y James Bond-Daniel Craig, y el posterior salto en paracaídas y aterrizaje en el centro del Estadio Olímpico- a gestas deportivas como el triple doble del velocista jamaicano Usain Bolt, las seis medallas del nadador estadounidense Michael Phelps o la hazaña de los deportistas británicos, que lograron el mejor resultado de su historia, los Juegos resultaron todo un éxito.

Conocedores de las dificultades de todo tipo que conlleva organizar una olimpiada, Londres emprendió una colaboración que se ha reconocido como la más estrecha entre dos sedes olímpicas. En realidad, el trabajo conjunto empezó en 2009 y, durante estos siete años, se ha plasmado en más de 160 misiones políticas, comerciales y deportivas entre los dos países y proyectos bilaterales de seguridad, gestión del agua y residuos, antidopaje y accesibilidad, entre otros. Además, más de 100 expertos británicos han asesorado a la organización brasileña.

Conocedores de las dificultades de todo tipo que conlleva organizar una olimpiada, Londres emprendió una colaboración que se ha reconocido como la más estrecha entre dos sedes olímpicas.

Pero organizar una olimpiada no es solo un duro trabajo que requiere de inversiones multimillonarias y coordinación entre muchos políticos. Celebrar unos Juegos supone tener la oportunidad de mostrar lo mejor de tu país, transmitir valores y vivir momentos realmente especiales.

Recuerdo la cara de mis hijas -la más pequeña, que tenía solo 4 años, iba sentada en mis hombros- al ver el paso de la antorcha olímpica por nuestro barrio en el oeste de Londres, la emoción que sentí en el Estadio Olímpico al ver las lágrimas de la británica Jess Ennis-Hill tras coronarse campeona del heptatlón, el orgullo de ver lugares familiares de mi ciudad como Hyde Park o Greenwich convertidos en recintos olímpicos abarrotados de espectadores y deportistas de todo el mundo.

Organizar una olimpiada no es solo inversiones multimillonarias y coordinación entre políticos. Supone la oportunidad de mostrar lo mejor de tu país, transmitir valores y vivir momentos realmente especiales.

Barcelona ya nos había mostrado el ejemplo de lo que pueden hacer unos Juegos para transformar una ciudad. Ahora nosotros también disfrutamos del legado olímpico. Reino Unido ha recibido 3,5 millones más de visitas turísticas desde entonces, con un gasto adicional de 2.500 millones de euros; más de 70.000 parados londinenses encontraron empleo, el este de la capital se ha regenerado, convirtiéndose en un barrio vibrante lleno de atracciones, la antigua Villa Olímpica acoge ahora a más de 6.000 personas y la impresionante torre ArcelorMittal Orbit junto al Estado Olímpico ofrece a los visitantes, no solo magníficas vistas de la ciudad, sino la posibilidad de descender a toda velocidad por un tubo situado a 178 metros de altura.

Las previsiones para 2020 son aún mejores: el impacto económico se calcula que será de entre 33.000 y 48.000 millones de euros, y la creación total de empleos oscila entre 618.000 y 893.000. Todo, a cambio de una inversión de 11.000 millones de euros.

Rio tiene ante sí un todo un desafío. Deseo de todo corazón que sus Juegos sean un triunfo y, aunque no podré ser uno de los afortunados verán el espectáculo en directo, estaré como un aficionado más, animando al Team GB en la sana pelea por las medallas, con rivales como nuestros amigos de España y Brasil.