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UK Rocks!

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ARCTIC MONKEYS
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The Clash, los Beatles, The Jam, Arctic Monkeys, los Rolling Stones... Apuesto a que me costaría mucho encontrar a uno entre vosotros al que no le guste un grupo o un cantante británico. Porque si hay algo de lo que podemos presumir los británicos es, dejadme que lo diga, de nuestra música.

Si tuviera que elegir, me quedaría con grupos como The Clash, The Jam y los Arctic Monkeys. He tenido la suerte de asistir a conciertos en Madrid de Katie Melua, Brian Ferry y One Direction (este último, confieso que por la insistencia de mis hijas adolescentes). Sin embargo, ninguna de estas experiencias se puede comparar con uno de los momentos más excepcionales que he vivido durante mi estancia en España. Fue cuando entré en el Camp Nou por primera vez y escuché London Calling de The Clash a todo volumen. El hermano de un amigo que trabaja para el Barça me preguntó qué canción me gustaría escuchar y sugerí esa. Fue una experiencia inolvidable, os lo aseguro.

Quizás para vosotros no sea London Calling, pero seguro que alguna vez habéis coreado una canción de un grupo británico en un bar, en una fiesta o en un campo de fútbol. La naturaleza de la comunicación musical une a la gente y crean fans en todo el mundo. De hecho, los políticos buscan desesperadamente algo que la industria musical del Reino Unido hace a diario: lograr que decenas de millones de jóvenes participen de una misma emoción y perspectiva.

Otro de los aspectos que más valoro de la música es esa capacidad que tiene de hacernos viajar en el tiempo. En mi caso, New Year's Day de U2 me lleva a los años 80, a los ensayos de Sueño de una noche de verano de Shakespeare en mi colegio. Al escuchar esa canción todavía puedo ver a mi compañero de clase, durante los descansos, tocándola al piano.

Los políticos buscan desesperadamente algo que la industria musical del Reino Unido hace a diario.
La ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012, con Danny Boyle de maestro de ceremonias, es otro de los ejemplos de cómo la música británica une a la gente. A pesar de durar casi cuatro horas, congregó a 900 millones de personas delante de sus televisores, lo que la convierte en una de las más vistas de la historia. Mi momento favorito fue cuando los Arctic Monkeys cantaron I bet you look good on the dancefloor y Paul McCartney cantó Hey Jude, que este año he vuelto a escuchar en el Calderón.

Como por presumir que no quede, os contaré también que en el Reino Unido tenemos tres de los escenarios con mayores ventas del mundo. El London O2 Arena, el Manchester Arena y el SSE Hydro de Glasgow vendieron el año pasado casi cuatro millones de entradas, superando al Madison Square Garden de Nueva York.

Porque esto también va de dinero, claro. Tal y como explica la CEO de UK Music, Jo Dipple, en su blog, en 2015 el turismo musical aumentó un 16%. Los legendarios estudios de grabación Abbey Road, en el noroeste de Londres, atraen cada año a 300.000 aficionados a la música que acuden para cruzar su paso de cebra, convirtiéndolo en uno de los destinos musicales más apreciados de nuestra capital. Las exportaciones de música grabada han experimentado un aumento del 18% desde 2012, mientras que los ingresos por streaming subieron un impresionante 49% el año pasado.

Así que, si te estás cansando de leer y estás pensando Should I stay or should I go, vámonos a Rock the casbah con The Clash.