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El racismo y el clasismo han acabado con la vida de los residentes de la torre Grenfell

16/06/2017 07:25 CEST | Actualizado 16/06/2017 07:25 CEST
Dan Kitwood via Getty Images
Londres (Inglaterra) - 15 de junio: la Torre Grenfell continúa ardiendo.

Las llamas de la torre Grenfell de Londres todavía no se habían extinguido y la gente ya estaba advirtiendo de que no se debería politizar esta tragedia. Sin embargo, mientras escribo, se confirma que al menos 12 personas han muerto y las autoridades esperan que el número aumente drásticamente. La mayoría de los fallecidos, o de los que lo han perdido todo por culpa del incendio, eran pobres y negros o pertenecientes a minorías étnicas (algo habitual en una vivienda de protección oficial).

Hablamos de que algunas de las personas más marginadas y oprimidas de nuestra sociedad han muerto en un infierno, así que la idea principal del diálogo que se forme a raíz de lo sucedido en la torre Grefell es intrínsecamente político, queramos o no. De hecho, la torre Grenfell —cuyos residentes se han quejado en varias ocasiones por cuestiones de seguridad y que está ubicada en el barrio más rico de Londres— es un potente recordatorio de quiénes son los que importan y los que no en la Gran Bretaña moderna y de que esta dicotomía tiene consecuencias mortíferas.

Aún se desconocen las causas del incendio. Pero lo que sabemos es que los inquilinos llevan años preocupados por la forma en que las Organizaciones de Gestión de Inquilinos de Kensington y de Chelsea—en las que el ayuntamiento había delegado la gestión de la torre— estaban limitándose a poner parches en lo relativo a seguridad y se negaban a escuchar las preocupaciones de los inquilinos.

Sin embargo, se acababa de completar un proyecto de regeneración de 10 millones de libras para mejorar la estética del edificio. Según la documentación del proyecto, la intención era, en parte, mejorar las vistas de las áreas de conservación que rodean la torre y de los bloques de lujo cercanos. En esta renovación se añadió al exterior del edificio un material que pudo permitir que las llamas se extendieran rápidamente por toda la torre en vez de retenerlas en el piso en el que se originaron, como debería ser.

A pesar de eso, las preocupaciones de los residentes por el humo que provenía de los electrodomésticos y las tomas de corriente, por el estado de las salidas de incendios y por la eliminación del aparcamiento —que ralentiza la llegada de los equipos de emergencia a la torre— se ignoraron en el plan de regeneración. En vez de cubrir las necesidades de los residentes, las Organizaciones de Gestión de Inquilinos de Kensington y de Chelsea se centraron en mejorar la torre pensando en los que vivían a su alrededor —que resulta que son, en su mayoría, ciudadanos blancos y adinerados— y no en ella.

Está claro quiénes son aquí los privilegiados y los poderosos, y no son los inquilinos. Lo que ha pasado en la torre de Grenfell forma parte de un problema mayor de desigualdad estructural en general, y de viviendas en particular, en el que a los pobres (que suelen ser miembros de minorías étnicas) se les priva de residir en viviendas de calidad y se da prioridad a regenerar la ciudad para una mayoría de arrendatarios y compradores blancos.

Este mismo año, el Partido Conservador rechazó una propuesta de ley que obligaba a los propietarios de inmuebles a proporcionar alojamiento habitable; no es difícil entender por qué. Según el periódico The Guardian, el 39% de los diputados del Partido Conservador británico son propietarios de inmuebles y casi una cuarta parte de los diputados de todos los partidos tienen propiedades en alquiler. Está bastante claro cuáles eran los impedimentos para que los diputados votaran a favor de esta propuesta.

Mientras tanto, la política del Right-to-Buy (derecho a comprar) ha permitido que el número de pisos de protección oficial caiga hasta unos mínimos históricos y no ha conseguido reemplazarlos con viviendas sociales en buenas condiciones. En la capital de Reino Unido, se está ignorando a las personas con menos recursos y sus preocupaciones en cuanto a la seguridad para beneficiar a los propietarios de inmuebles y a los miembros del Partido Conservador, que quieren privatizar las viviendas sociales.

En el caso de la torre Grenfell, no podemos ignorar la presencia de la gran proporción de inquilinos pertenecientes a minorías étnicas. Debemos prestar atención a las desigualdades estructurales que han permitido que tenga lugar esta tragedia. No se habla mucho del punto en el que se unen las minorías raciales y la pobreza en Gran Bretaña, en parte porque la estructura de clases de Reino Unido está muy arraigada. Al fin y al cabo, hay montones de ciudadanos blancos que también son pobres. Pero existen estudios que demuestran que mientras el 20% de los ciudadanos blancos perciben sueldos bajos, el porcentaje es mucho mayor para las minorías étnicas. En general, los miembros de las minorías étnicas tienen el doble de probabilidades de ganar sueldos bajos que las personas de raza caucásica.

El 71% de los residentes de los distritos londinenses de Kensington y Chelsea son blancos. Es la zona de Reino Unido con mayor proporción de habitantes adinerados y de trabajadores del mundo de la banca y con menor porcentaje de trabajadores dedicados a la venta al por menor. La comunidad de ciudadanos pobres y pertenecientes a minorías étnicas de Kensington y Chelsea, incluidos los residentes de la torre Grenfell, no son precisamente el núcleo del ayuntamiento y las pruebas señalan que las Organizaciones de Gestión de Inquilinos de Kensington y de Chelsea no le han dado prioridad a los intereses de esta comunidad, como deberían haber hecho.

En el Parlamento anterior, únicamente el 6% de los miembros pertenecían a minorías étnicas, mientras que en el país el 13% de los ciudadanos pertenecen a este grupo. Esto ha cambiado en el Parlamento actual: uno de cada 13 miembros son representantes de minorías étnicas; pero la desigualdad educativa entre los diputados sigue siendo muy pronunciada: el 45% de los diputados del Partido Conservador recibió una educación privada, mientras que un 86% se graduó en la universidad: unas cifras bastante por encima de la media nacional.

Los residentes de la torre Grenfell no tenían mucha representación en el Parlamento, y tampoco la tienen en el ayuntamiento. Aun así, están intentando desesperadamente hacerse oír. Por eso, según la redactora de The GuardianRachel Obordo —que creció en el distrito en el que se encuentra la torre Grenfell— la circunscripción electoral cambió en favor del Partido Laborista por primera vez en la historia, con un margen de solo 20 votos. Los residentes con menos recursos del distrito estaban hartos de que se les ignorara y se hicieron oír.

Obordo habla de un fuerte contraste entre el frondoso sur de Kensington y el norte, más empobrecido y superpoblado y con unos servicios públicos, como el de recogida de basuras, deficientes en comparación con los del sur. Parece que el ayuntamiento y la empresa contratada para supervisar la torre Grenfell también se preocupaban más por los niños bien del sur de Kensington que por los ciudadanos pobres del norte. Y ahora algunos de ellos han muerto por su culpa.

Aún desconocemos el alcance de esta tragedia, pero parece que será incomprensible y demoledor. Lo único que podemos hacer es llorar la muerte de aquellos que nos han dejado y exigir que no se vuelva a perder a nadie por culpa de que el ayuntamiento y el gobierno local se preocupen más por los blancos ricos que por los pobres de minorías étnicas. El incendio de la torre Grenfell es una cuestión tanto de racismo como de clasismo, y ha llegado el momento de que reconozcamos una serie de verdades sobre la desigualdad sistemática de Reino Unido antes de que suceda otra tragedia sin sentido.

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero

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