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No podemos fallar a los soñadores del programa DACA

"La vida de los jóvenes inmigrantes acabará tal y como la conocen y se encontrarán ante unas perspectivas de futuro extremadamente desoladoras".

14/09/2017 07:25 CEST | Actualizado 14/09/2017 07:26 CEST
Kay Jayne via Pexels

Como periodista en Cincinnati (Estados Unidos), he tratado con muchos jóvenes inmigrantes del programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), y todos mostraron su agradecimiento en una cadena de televisión local por la oportunidad de vivir y trabajar en los Estados Unidos.

Estos son algunos de los casos que más me impactaron:

From Julio Tellez
Julio Téllez con su madre, una inmigrante indocumentada, que lo trajo al país cuando era niño. Su nombre se ha mantenido anónimo por precaución.

Julio Téllez tenía ocho años cuando su madre sin papeles se fugó con él y con su hermana Andrea, de nueve, para huir de los abusos de su marido, un agente de la policía federal de México.

Hace nueve años, Julio Téllez y otros cuatro hombres de origen hispano volvían a casa de su trabajo en la industria de la construcción en Pittsburgh cuando su camioneta se averió.

La Policía llegó para investigar lo sucedido. Julio Téllez fue detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que inició los trámites de deportación.

Tuvo gran repercusión mediática en todo el país y acabó siendo conocido como un "caso de ejemplo" para ilustrar cómo las leyes de inmigración afectaban a personas reales del barrio. Tras años de apelaciones, se retiraron los cargos y Julio Téllez evitó la deportación gracias al programa DACA.

Laura Ortiz
Laura Méndez Ortiz disfruta de una beca concedida por la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos.

Laura Méndez Ortiz nació en Colombia y llegó con sus madres a los Estados Unidos cuando solo tenía cuatro años. Al caducar sus visados, pasaron a ser solicitantes de asilo y, años después, su situación sigue sin resolverse.

Pero Laura Méndez Ortiz, que vio en el DACA su salvavidas, siempre temió que llegara el día en el que se le acabara el tiempo de vivir, trabajar y estudiar en los Estados Unidos. Quizás ese día esté cerca, para ella y para unos 800.000 jóvenes inmigrantes como ella: los dreamers (soñadores).

From Julio Tellez
Julio Téllez con su hermano pequeño y su primo, más atrás.

El destino de 800.000 soñadores está en las manos del presidente Donald Trump, que ha derogado el programa que impide su deportación.

El DACA fue el programa migratorio del expresidente Barack Obama, concebido para visibilizar la situación de aquellos jóvenes que llegaron a los Estados Unidos cuando eran niños y ahora reconocen este país como su único hogar.

Los fiscales generales de diez estados afirmaron que tenían la intención de demandar a la Administración Trump si no derogaban el DACA antes del 5 de septiembre. Y era bastante probable que dichas amenazas surtieran efecto, como ya logró el estado sureño de Texas el año pasado, cuando lograron frenar la ampliación del programa DACA.

Los soñadores no son invisibles. Se encuentran por todas partes. Son universitarios que se están sacando sus carreras de Ingeniería o Derecho. Son propietarios de pequeñas empresas. Son militares que defienden el país. Son estadounidenses.

El fiscal general Jeff Sessions ya dejó claro que el Departamento de Justicia prefería abandonar el programa DACA "porque es muy cuestionable constitucionalmente". Con la extinción de este programa, la vida de los jóvenes inmigrantes afectados acabará tal y como la conocen y se encontrarán ante unas perspectivas de futuro extremadamente desoladoras.

Los soñadores no son invisibles. Se encuentran por todas partes. Son universitarios que se están sacando sus carreras de Ingeniería o Derecho. Son propietarios de pequeñas empresas. Son militares que defienden el país. Son estadounidenses. Su vida y su historia están ligadas a este país. Sería terriblemente perturbador que el gobierno les arrebatara sus empleos y sus estudios, los esposara y los deportara a países que les son completamente ajenos.

Estos niños corrieron un gran riesgo al registrarse en el gobierno para poder recibir la ayuda del programa DACA. Ese salto de fe podría conducirles a la deportación. Creyeron en los Estados Unidos. Fueron valientes e hicieron todo lo que se les requirió que hicieran. Fueron sometidos a una estricta verificación de antecedentes y acataron todas las normas necesarias para poder optar a un periodo de dos años de amparo ante deportaciones. Su meta final era conseguir la legalización completa de su estado social mediante una reforma integral de las leyes de inmigración.

Mientras tanto, el programa DACA funcionaba. Pudieron contribuir a la comunidad. El trato era que, a cambio, los Estados Unidos les protegerían. No podemos fallarles. No podemos traicionar los valores de los Estados Unidos.

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.