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Renzi pondrá a prueba su futuro político en el referéndum y las inminentes elecciones

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RENZI
Max Rossi / Reuters
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No sabemos con certeza si a Matteo Renzi le gusta jugar a las cartas, pero de lo que sí estamos seguros es de que tiene una cara de póquer excelente. Italia está acostumbrada a que su primer ministro vaya con todo: ha apostado todas las fichas a una serie de leyes de reforma claves.

Desde la ley de empleos hasta la nueva ley electoral (la llamada "Italicum"), pasando por las uniones civiles, el juego de Renzi ha sido simple: se ha llevado todos los debates al terreno personal y ha convertido cada asunto en un referéndum dramático y personal. Su discurso subyacente ha sido el siguiente: "O estáis conmigo o contra mí". Debido a su popularidad y a la debilidad de la oposición, Renzi ha ido llevándose las manos poco a poco y va camino de ganar la partida.

Renzi ha utilizado esta misma estrategia de "o se hacen las cosas a lo grande o nos vamos a casa" en la partida más importante: el referéndum de octubre para una reforma constitucional. El referéndum trataba de simplificar la estructura institucional del país, de agilizar los procesos legislativos y de reducir los costes de la política italiana en 1000 millones de euros al año. En otras palabras, intentaba minar el poder del Senado.

El ex presidente Giorgio Napolitano y la UE llevaban mucho tiempo esperando un referéndum sobre estas reformas. Sin embargo, el inminente referéndum no ha tardado en convertirse en un descarado "Rexit" que ha dividido al país en dos.

Según encuestas recientes, cada vez más italianos piensan votar "no" en el referéndum, y los índices de aprobación de Renzi han caído. Mientras tanto, la economía sigue en lucha. ¿Habremos llegado al fin del periodo dorado de Renzi? Probablemente. ¿Tendrá efecto bumerán? Cabe esperar que sí.

Según encuestas recientes, cada vez más italianos piensan votar "no" en el referéndum y los índices de aprobación de Renzi han caído.

Además de fomentar la campaña de la oposición en su contra, la táctica de Renzi de transformar cada asunto en algo personal supone correr el riesgo de influir en los resultados de las elecciones administrativas de junio, en las que participarán las ciudades más importantes -como Roma, Milán, Turín y Nápoles- y otras más pequeñas -como Bolonia, Cagliari y Trieste-, además de unos 1300 distritos.

Correr riesgos no va con la naturaleza de Renzi, y sería demasiado peligroso para él intentar convertir estos votos locales en votos para él. También hay que tener en cuenta que las encuestas de opinión no auguran nada bueno para el Partido Democrático italiano, del cual Renzi es secretario general. Ahora tiene que concentrarse en la difícil tarea de hacerlo bien en Roma y en Nápoles.

Nápoles se encuentra bajo el firme yugo del fiscal de izquierdas Luigi de Magistris, que cuenta con el apoyo de 14 partidos locales. El Partido Democrático corre el riesgo de no llegar ni a aparecer en las papeletas de esta ciudad.

En Roma, que todavía hierve de rabia tras el extraño mandato del médico y político Ignazio Roberto Maria Marino, la favorita parece ser la candidata Virginia Raggi, que forma parte del Movimiento 5 Estrellas. Sin embargo, la situación sigue sin estar clara. Los problemas legales que ha tenido el Movimiento 5 Estrellas recientemente y las conductas poco transparentes de sus líderes (exceptuando a Beppe Grillo) parecen haber frenado el ritmo que llevaba el partido. La derecha, dividida por dos candidatos -Giorgia Meloni, que fue ministra de Berlusconi y Alfio Marchini, un billonario italiano-, podría perder la capital, o al menos los votos, frente al candidato del Partido Democrático, el ex radical Roberto Giachetti.

En Turín, las encuestas señalan como favorito a Piero Fassino, el actual alcalde demócrata y ex secretario general del partido Demócratas de Izquierda, aunque Chiara Appendino, candidata perteneciente al Movimiento 5 Estrellas, está ganando importancia.

Sin embargo, la prueba por excelencia será Milán, donde Renzi tiene a su disposición a un leal candidato: Giuseppe Sala, que organizó con gran éxito la Expo 2015 que se celebró en Milán. Sala irá codo con codo junto a otro dirigente con experiencia demostrada, el candidato de centro-derecha Stefano Parisi. Si el Partido Democrático pierde en Milán, será un duro golpe para Renzi.

Las elecciones europeas de 2014 demostraron que un inesperado 40% de los votantes apoyaban al Partido Democrático y permitieron que Renzi confirmara el poder que tenía y que fortaleciera sus objetivos. Las elecciones locales y el referéndum son, básicamente, elecciones a medio plazo. Sus resultados determinarán el destino de una de las casas de la legislatura, y posiblemente ampliarán el mandato de Renzi durante otro periodo. Y ya se habla de elecciones para la primavera de 2017...

Este post fue publicado originalmente en 'The World Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.