Recién entregados los Goya (qué soplo de aire fresco escuchar, en TVE, las críticas del mundo del cine a lo que está pasando) y a pocas semanas de los Oscar, flota la sensación de que la mejor ficción no es la que vemos en las salas, sino la que se asoma cada día a los diarios, las radios y las televisiones. Les propongo un juego: convertir la realidad en ficción, y premiar a los mejores.
Mariano Rajoy nos debe una explicación. Si no la tiene, y si no es capaz de ceñirse a su propio compromiso -"no me temblará la mano si tengo conocimiento de irregularidades o conductas impropias que afectan a nuestro partido"- difícilmente podrá evitar la caída en picado de su gobierno, porque el escándalo Bárcenas ha sembrado el desconcierto y la indignación entre multitud de votantes y dirigentes populares. A estas alturas, su honradez personal ya no es suficiente para avalar a todo el partido.