A modo de pueblo galo que evita a toda costa la invasión romana, existen entidades que se han negado a seguir el modelo de gestión impuesto globalmente en el sector financiero: las cooperativas de crédito. Parece que seguir modelos menos arriesgados y más vinculados al desarrollo económico territorial puede ser la poción mágica para sobrevivir a las crisis.
La guerra del pasivo se refiere a la competencia agresiva y autodestructiva que realizan las entidades españolas con el fin de captar depósitos. El Gobierno y el Banco de España han intentado parar esta guerra. No parece una mala noticia para el sector financiero, aunque probablemente lo sea para los ahorradores.
El aumento de la deuda de las familias es un hecho comprobado. Pero de ahí a afirmar que este aumento es una prueba de "irresponsabilidad" es dar un salto de acróbata que tiene más que ver con un juicio moral o político que con los datos. Las perspectivas vitales de esas familias se ha truncado por una crisis de la que no son responsables.
Desde diferentes sectores se ha hecho hincapié en la indefensión de colectivos que, tras quedarse sin vivienda, aún debían dinero al banco. La solución al problema debe buscarse de forma global, sin descartar la dación en pago, pero siempre bajo la propuesta de ideas racionales, serenas y que contemplen todas las variables.