Coches, negocios, dietas, vaqueros, zapatillas, alimentos... ¿sostenibles? En estos últimos años, muchos Estados y grandes multinacionales se han apropiado de esta etiqueta para aplicarla a productos o proyectos algo menos dañinos para el medio ambiente que las alternativas tradicionales, pero muy lejos de cumplir estándares reales de sostenibilidad.
Podemos alzar nuestra voz y hacer que los líderes políticos y las petroleras nos escuchen. No caigamos en el pesimismo, en el recurso al "no podemos hacer nada", al "depende de otros". La movilización ciudadana depende exclusivamente de ti, de nosotros, y tenemos en ella la herramienta que puede generar un cambio, que puede evitar que el Ártico se degrade por la codicia de las petroleras.
En Europa el debate nuclear es sobre cómo y cuándo se pueden cerrar las centrales nucleares. Algunos países como Alemania, Bélgica, Dinamarca, Italia, Austria, Suiza... ya han tomado sus decisiones. En España el Gobierno está promoviendo la ampliación de la vida útil de las nucleares, desde un análisis ciego.
El Ártico se está derritiendo muy rápido. Es una de nuestras últimas fronteras naturales, de la que depende el clima del planeta, y sus efectos no se quedan a 5.000 km de nosotros, sus efectos afectan a nuestras playas, nuestros bosques y nuestro clima, nuestra economía, en definitiva: a nuestras vidas.
La ola de pesimismo sobre el deterioro de la biosfera y de los océanos en particular, nos lleva muchas veces a aceptar como ciertos problemas que quizás no lo sean tanto. Estos problemas globales tienen, por alguna razón, un eco tremendo en los medios de comunicación, que eleva la visibilidad de los supuestos problemas.
Hace unas horas que Garoña ha dejado de producir electricidad, y a pesar de que todos los días se conectan y desconectan de la red muchas instalaciones de generación eléctrica y a nadie le importa, si hablamos de Garoña es otro cantar. La electricidad que produce es lo que menos importa, aunque sea su razón de ser.
Desde la década de 1950, los océanos se calientan y se están acidificando; el nivel del mar aumentó unos 20 cm desde la época preindustrial y está subiendo a un ritmo de 3,2 cm por década. La temperatura podría subir 4 grados Celsius para fines de este siglo, acelerando las ya catastróficas consecuencias en el clima mundial.
Una vez más surgirá en este caso el debate sobre hasta qué punto el severo impacto de Sandy tiene o no que ver con el cambio climático causado por el ser humano. Se trata de un debate interesante, pero estéril. Tal vez Sandy ponga el cambio climático en la agenda de la campaña presidencial americana, en la que estaba ausente.
No tomar medidas para mitigar el cambio climático acabará por sacarnos del "bucle de tiempo" en el que parecemos instalados para experimentar una nueva serie de acontecimientos. Pero posiblemente para enfrentarnos a una nueva realidad en la que el cambio climático peligroso se habrá propagado, sin control, del Ártico al resto del planeta.
Me sorprende que el ministro Cañete afirme que no se han producido recortes en su presupuesto en la lucha contra los incendios, cuando se han reducido hasta en un 80% las cuantías destinadas a los programas de desarrollo rural, así como a actividades de reforestación y conservación de espacios naturales.