Ara fa una mica més d'un any, els mitjans es van fer ressò de la negativa del Govern de La Rioja a atendre en els seus hospitals pacients provinents del País Basc i Navarra. S'imaginen els comentaris que s'haurien sentit si la comunitat que s'hagués negat a prestar algun servei a una comunitat veïna hagués estat Catalunya?
Hace poco más de un año los medios informaron sobre la negativa del Gobierno de La Rioja de atender en sus hospitales a pacientes provenientes del País Vasco y Navarra. ¿Se imaginan los comentarios si la comunidad que se hubiese negado a prestar un servicio a una comunidad vecina hubiera sido Cataluña?
Me aburre enormemente el cansino debate sobre la enseñanza del (o en) catalán pero me es imposible mantenerme al margen, después de conocer sus palabras en las que comparaba a los niños a quienes se les castiga por hablar castellano en los colegios catalanes, con los niños judíos marcados con la estrella amarilla por los nazis.
Todos los informes demuestran que el nivel de conocimiento de español en Cataluña es similar e incluso superior al de otras autonomías monolingües. El uso vehicular de una lengua segunda aumenta la conciencia sobre la primera. Y esto lo saben los sociolingüistas y los pedagogos. Y el ministro Wert también, si es que se lee los informes.
Tenemos un Gobierno que vive las diferencias, en este caso, la riqueza y la suerte de tener diversas lenguas como una gran desgracia y una vergüenza cada vez más insoportable: en lugar de posibilitar estudiar en la escuela, además de la suya, alguna otra de las lenguas peninsulares, lo único que se les ocurre es intentar eliminar a las «otras».