Se está acabando la pluralidad cultural, se están cerrando las ventanas y las puertas. Nos estamos quedando sin aire. No más Atom Egoyans y su The Adjuster, no más cine de todos lados para enriquecer el nuestro. Celebren, celebren, que los necios también tienen derechos en el país de tuertos que nos están sembrando.
Hizo un cine muy malo, pero lo pasó en grande y le dedicó toda su vida a su gran pasión. Su legado para las siguientes generaciones es la osadía para hacer lo que más deseaba hacer sin dejar que naderías insignificantes como la falta de dinero, de un buen guion o la conciencia de la falta de talento, le detuviera.