Sabemos perfectamente quiénes son los chupópteros, quiénes los que nos chupan la carne desde dentro, los que trabajan para los chupópteros, y los que nos enferman. Lo que pasa es que el sistema ha desarrollado tolerancia, y los protege. Esto dificulta bastante la curación, pero cuando el huésped es la democracia, hay que hacer todo lo necesario por salvarlo.
Olvidamos el otro poder en una sociedad democrática, el nuestro como ciudadanos. Si partimos de la base de que un Gobierno debe ser por y para el pueblo, no tiene sentido echar la culpa a nadie menos a nosotros mismos de las dificultades del país. Los ciudadanos tenemos el deber de estar informados, votar, organizarnos y manifestarnos.
Cuesta admitir que los políticos de ahora son mucho peores que los de antes. Entre otras cosas, porque una parte importante son los mismos. La respuesta habría que encontrarla más en quien juzga, que en el objeto juzgado y su comportamiento. En situaciones difíciles, la sociedad exige más de los políticos.