Una vez más la Consejería de Sanidad ha vuelto a agredir brutalmente a los profesionales sanitarios del Sistema Madrileño de Salud, demostrando cuan cierto es lo que muchos ciudadanos piensan: su intención de destruir la sanidad pública madrileña. Los profesionales y la ciudadanía tenemos la obligación de impedirlo.
Adelson trae una idea de negocio que tal vez funcione. Puede que incluso sea una gran idea -el tiempo lo dirá-, pero nos obliga a encajarla a la fuerza en nuestro país como si se tratara de una pieza de otro puzle; como si tuviésemos miedo a ver suelo sin edificar o a sentarnos a hacer un planteamiento serio de lo que queremos y necesitamos.
Con inusitada rapidez se procedió a la adjudicación de los contratos para la construcción de ocho hospitales con financiación privada y se utilizó de forma deleznable las falsas sedaciones irregulares en el hospital Severo Ochoa como cortina de humo que eclipsó e impidió el debate político que una democracia exigía.