Este debate se presentó bajo el aura de grandes expectativas y no pasó de ser, al fin, una escenificación basada en imágenes proyectadas por espejos convexos, es decir, cada cual dijo lo de siempre y hoy las cosas siguen igual de mal. La impresión quizás más extendida es que el presidente del Gobierno salió "vivo" del debate a pesar de las dificultades que configuran la coyuntura.
Lo que el debate ha dejado en evidencia es que con una huida hacia adelante no se puede romper esa sensación de lejanía entre la política y la gente. Y Mariano Rajoy está en esa huida: escondiéndose tras las reformas económicas que presenta como "inevitables" y zafándose así de todo el malestar de la calle.
Cinco millones novecientos sesenta y cinco mil cuatrocientos. Esta cifra, por sí sola, refleja el aspecto más duro y dramático de la situación social y económica por la que atraviesa España. Más del 26% de nuestra población activa no encuentra empleo y a más del 50% de nuestros jóvenes, les ocurre lo mismo.
Éste no es un debate del estado de la nación más. Porque el estado de la nación es crítico, y porque a los que estamos aquí muchos españoles nos miran con desconfianza. Seis millones de trabajadores, sin trabajo. Sí, pero hay más: la quinta parte de los españoles, en riesgo de pobreza; 33.000 empresas cerradas en 2012.
Hay voces que nos acompañan casi a diario a través de los medios audiovisuales. Unas nos atrapan y otras nos perturban antes de que pronuncien una sola sílaba. Voces que, embargadas por la pobreza, se han quedado sin vida. Voces que, avergonzadas por el qué dirán, se han escondido para no ser vistas.
Las ideas y propuestas que se desarrollan en este "libro rojo" ponen "verde" a los mercados, a los viejos mecanismos de participación y a esa derecha títere de sus propios intereses económicos y antisociales. Pero al mismo tiempo, es un libro que dibuja de verde un futuro de rebelión, contestación social, nueva representación institucional y transformación.