Frente al fotógrafo fanático de la técnica, obsesionado con las mejores lentes, cámaras o flashes, con los accesorios más sofisticados, otros solo precisan de una cámara sencilla, de un kit de lentes básico y de escasos medios para explorar y convertir lo que miran a través de su visor en arte. Así es Jonè Reed: la máxima expresividad con los medios justos.
Publicó Moby Dick con 32 años y el fracaso fue tan rotundo, las críticas tan malas, que su carrera literaria, potencialmente tan grande como la novela que acababa de dar a la imprenta, quedó truncada. Nunca se agotaron los 3.000 ejemplares que se publicaron de la primera edición y muchos de ellos se perdieron en un incendio del almacén de su editor en 1853.