Las consecuencias de la crisis económica en España se pueden comparar a las de la Guerra Civil: miles de españoles formados están teniendo que emigrar para tener una esperanza de futuro. Se trata de una generación en la que invertimos mucho dinero a través de impuestos y que generarán riqueza en otros países.
Más de seis millones de españoles en paro, seis de cada diez jóvenes no tienen un puesto de trabajo y el Gobierno, lejos de claudicar en su estrategia de recortes, seguirá cumpliendo, incluso más allá de lo que se le exige, con quienes insisten en mantener viva una política errónea de ajuste del gasto. ¿Cómo no insistir en la necesidad de que el Ejecutivo dé un paso atrás y abra, de una vez por todas, el camino que conduzca a un pacto social y político de Estado que explore las vías de crecimiento y prosperidad en una sociedad condenada a prolongar su frustración y empobrecimiento?
Un plan para reducir el desempleo y no para reducir el déficit. La exigencia de reducción del déficit que plantea Europa y que busca cumplir a rajatabla el Gobierno es un planteamiento equivocado, y más ahora que se pone en duda el estudio de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, en el que basan sus argumentos los que defienden la austeridad.
Los sindicatos queremos reiterar la necesidad de impulsar un gran acuerdo, que integre a las fuerzas políticas y a los interlocutores sociales y que tenga como únicas prioridades el empleo y la reactivación económica basada ésta en la igualdad y la cohesión social, para lo que resulta necesario fortalecer las prestaciones sociales básicas y establecer un suelo de gasto de protección social para garantizar los derechos y los servicios públicos fundamentales.