Era pasada la medianoche. En el taxi que me llevaba desde el centro de El Cairo hacia casa. Tomó el camino que normalmente no me gusta que tome, el camino por mitad de los cementerios, por la que se conoce como "la ciudad de los muertos". De repente había mucha luz y mucho ruido. El taxi comienza a ir más lento, nos fijamos y ¡es una boda!
Están lanzando una señal clara: que el golpe final contra el régimen vendrá de su parte. Y si este régimen cae, serán ellas la fuerza clave para que ello se produzca. Es la señal de que esta revolución es la revolución de las mujeres, de aquellas mujeres que más necesitan derechos y libertad completa.
No ganamos para sobresaltos con esto de la primavera árabe (el despertar, como muchos prefieren llamarlo ahora). Cuando estábamos dispuestos a declarar nuestra admiración por el buen hacer del presidente egipcio Mohamed Morsi en su gestión de la crisis de Gaza, va y emite un decreto de corte autoritario que le vuelve a llenar la plaza Tahrir de gente.