En el último debate entre ambos candidatos, Obama describió en tres zarpazos la voluntad de Romney: volver a la política exterior de los años 80 (el republicano había dicho que Rusia es la mayor amenaza para EE.UU.), a las políticas sociales de los 50 (especialmente contra los derechos de las mujeres), y las políticas económicas de la década de los 20 (las que hicieron posible el crac bursátil del 29 y la posterior Gran Depresión).
Cuesta admitir que los políticos de ahora son mucho peores que los de antes. Entre otras cosas, porque una parte importante son los mismos. La respuesta habría que encontrarla más en quien juzga, que en el objeto juzgado y su comportamiento. En situaciones difíciles, la sociedad exige más de los políticos.
Romney quiere hablar de forma dura como George W. Bush pero no quiere ser asociado con sus políticas y no puede estar siempre de acuerdo con Obama. Al final, igual que con sus políticas domésticas, no tiene valores fundamentales y está dispuesto a decir lo que sea para ganar. Eso no es solamente peligroso para EE UU sino para el mundo.