Podemos alzar nuestra voz y hacer que los líderes políticos y las petroleras nos escuchen. No caigamos en el pesimismo, en el recurso al "no podemos hacer nada", al "depende de otros". La movilización ciudadana depende exclusivamente de ti, de nosotros, y tenemos en ella la herramienta que puede generar un cambio, que puede evitar que el Ártico se degrade por la codicia de las petroleras.
En Europa el debate nuclear es sobre cómo y cuándo se pueden cerrar las centrales nucleares. Algunos países como Alemania, Bélgica, Dinamarca, Italia, Austria, Suiza... ya han tomado sus decisiones. En España el Gobierno está promoviendo la ampliación de la vida útil de las nucleares, desde un análisis ciego.
Todavía es pronto para conocer los verdaderos objetivos de la acción llevada a cabo por milicias yihadistas en In Amenas. Pero lo importante desde la perspectiva de la seguridad nacional española es interpretar sus consecuencias para nuestros intereses, especialmente los vinculados a la seguridad energética y a la lucha contra el terrorismo.
Las emisiones de CO2 procedentes de la producción de energía eléctrica han aumentado un 11% con respecto al año anterior, lo cual confirma la importancia que las decisiones en política energética tienen en materia de contaminación. Ese aumento tan grande de las emisiones se debe al mayor consumo de carbón.
Hace unas horas que Garoña ha dejado de producir electricidad, y a pesar de que todos los días se conectan y desconectan de la red muchas instalaciones de generación eléctrica y a nadie le importa, si hablamos de Garoña es otro cantar. La electricidad que produce es lo que menos importa, aunque sea su razón de ser.
Durante los próximos megaaños habrá varias extinciones catastróficas. El ser humano, junto con el 99% de las especies terrestres, desaparecerá para siempre. Sin embargo, todo esto no impresiona demasiado si lo comparamos con realidades como la siguiente: en las próximas horas, cientos de personas se van a quedar sin empleo o sin hogar en España. Miles en el sur de Europa.
Todo un año escuchando que la central nuclear de Garoña iba a funcionar hasta 2019 y que el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ratificaba la continuidad, y resulta que ha sido al revés. Los dueños no quieren la ampliación de la explotación de la nuclear en las condiciones actuales, y el CSN ha publicado a última hora de ayer el trámite técnico de cómo pasar página.