La creatividad no proviene de la libertad, sino de la sistematización obsesiva de su búsqueda. No necesariamente encuentra creación el que la busca, pero sin duda no la encuentra el que no se decide a buscarla, tesonera y obstinadamente. No es verdad que cree aquel que respire libre, sin represiones ni presiones.
En otra época, los profesores permanecían en sus puestos, conseguían ser fijos y construían el sólido marco que tanto servicio ha prestado a nuestras comunidades y nuestro país. Ese marco está desintegrándose por culpa de políticos que jamás pensarían en enviar a sus hijos al tipo de escuelas que están imponiendo a los demás.
La escuela confunde saber con información y olvida la dimensión formativa de lo educativo. Se recuesta en el cómodo e inútil sistema de erudición no significativa. El modelo imperante no atiende al proceso de producción de contenido. La creatividad y la invención no existen en la matriz simbólica de la escuela.
El Instituto Goethe cabalga a lomos de la crisis española. El desplome de nuestra economía ha multiplicado el interés de los jóvenes por aprender alemán. "Las cifras suben y suben: un 40% más de inscripciones en el año 2011, y hasta finales de 2012, incluso un 60% más que en los años anteriores al boom", reconocen en dicho instituto.
Siempre he sentido un gran respeto por las personas que llevan sobre sus hombros la importantísima tarea de dirigir la enseñanza pública. Pero últimamente, a la vista del maltrato que está recibiendo de sus principales responsables, empiezo a pensar que quizá no tengan el sueño tan ligero como yo pensaba.
De todos los recortes que afrontamos este mes de septiembre, el más doloroso es el que afecta a la sanidad, pero el que mayor coste social tiene a medio y largo plazo es el recorte en la educación pública. Las arcas públicas están exhaustas y eso obliga a hacer ajustes, pero tenemos que estar muy vigilantes para que estos no acaben estrangulando el acceso a una enseñanza de calidad a toda una generación. Si lo permitimos, lo pagaremos caro.