Existe una fe, casi religiosa, en que Internet y las redes sociales son instrumentos democratizadores, y que por tanto son temidos por los regímenes totalitarios o las dictaduras como la siria. Este mito es el que hace que se presente una serie de revueltas políticas recientes como "revoluciones digitales".
Los videoblogs responden a una de las posibilidades que solo ofrece Internet y que por fin alguien está explotando: la creación de ficción para nichos. Hasta ahora, la guerra por la audiencia obligaba a la televisión a crear 'para todos los públicos', algo cansino hasta la saciedad, y de lo que todos hemos acabado hartos.
Cada nuevo medio de comunicación colectiva ha ido cambiando la configuración del espacio público y, por lo tanto, la visibilidad del poder. La visibilidad de la política se multiplica con Internet. Al momento, cualquier atisbo de escándalo corre como la pólvora. Incluso es más fácil que llegue antes a miles de tuits que a los responsables de los partidos políticos o instituciones. Los políticos, en general, parece que no se han dado cuenta de que queda registro de todo lo que hacen.
España necesita aprovechar este momento para reinventarse. No creo ni en el victimismo ni en el derrotismo. Hay que ser persistente para alcanzar los objetivos sin vencerse ante las dificultades. Esa debe ser la actitud como país. España tiene un gran equipo y tiene el reto de seguir siendo relevante para avanzar.