A día de hoy, no podemos negar el hecho de que las decisiones fundamentales sobre el final de nuestra vida: el cuándo, el cómo y el dónde tiene lugar, permanecen todavía en manos ajenas. Creen que la vida, nuestra vida, es un don otorgado del que sólo somos administradores con poderes limitados. Mientras ellos puedan seguir controlando nuestra muerte, nuestra libertad será sólo una libertad vigilada.
Excepto por la presencia en los medios de comunicación de algunos acontecimientos extremadamente dolorosos, la violencia de género está siendo condenada al silencio. Este Gobierno no condena, no denuncia, no está presente liderando un mensaje claro y contundente de rechazo frontal a la acción violenta y a quienes la ejercen, tal y como sería necesario.
En el asesinato de El Salobral, la edad de la niña asesinada, una menor de 13 años, y la diferencia de edad con el asesino, plantea varios interrogantes que se agravan con el hecho de las reiteradas denuncias de acoso de la familia y la respuesta institucional, calificando la relación entre un adulto de 39 años y una niña de 13 como consentida.