Esto tiene que acabar ya. España es un integrante destacado de la Unión y no puede ser uno de los adalides de la reincidencia en el error. Y si todo lo ocurrido es una oportunidad para terminar con ese coladero de recursos que son los paraísos fiscales dentro del territorio de la UE, pues que se haga con firmeza, y que se haga ya.
Da vértigo pensar que quien te ha de proteger es perfectamente previsible en el error. "Piensa mal y acertarás" es a estas alturas el mejor consejo del que se debe valer cualquier analista para entender las claves de nuestra Unión Europea. Secuestrada, a partes iguales, por unos volátiles mercados y unos perfectamente erráticos y miopes líderes de la eurozona, la UE es lo más parecido al caos circulatorio en las horas punta.
La ola antieuropea tiene el viento a favor y quienes creemos en Europa nos damos contra la pared cada vez que leemos el periódico. ¿Cómo defender una respuesta a la crisis en que los gobiernos de los países endeudados pierden su autonomía y se convierten en una suerte de autómatas de las políticas que defienden los intereses de ciudadanos del norte?
La narración de lo ocurrido antes de la crisis ignora a menudo que en España éramos campeones del rigor presupuestario para, al contrario, tratar de explicar los problemas que nos afectan como consecuencia directa del derroche, antes que explicarla por los desequilibrios causados por la integración en el euro.
En lugar de reformas reales y necesarias y responsabilidad fiscal, estamos aplicando una sobredosis de austeridad que lo que aborda son los síntomas, más que las causas, de los males económicos que aquejan a Europa. En lugar de recompensar unos esfuerzos sobrehumanos, se nos condena por nuestras deficiencias. En lugar de comprensión, tenemos insultos.
Supongamos que, por fin, reunimos la voluntad necesaria para resolver la crisis de la eurozona. Supongamos que acordamos los grandes pasos futuros de la integración para las decisiones económicas europeas como parte de esa resolución. En ese momento, tendremos que estar razonablemente seguros de que la unión política va a obtener el acuerdo necesario.
Angela Merkel parece que decidió que la mejor estrategia sería ir echándose atrás en lo previamente pactado. Es necesario que se establezca un mecanismo en el que los españoles dejemos de pagar las indecisiones del proyecto europeo. España cumplirá con su papel, esperemos que Alemania haga lo mismo.
El mundo que conocen los europeos y los italianos está llegando a su fin. La palabra renovación es el santo y seña de los esperanzados. Huffington Post Italia representa la creación de un nuevo espacio cívico. En esta época de entusiasmos amenazados y nuevos anhelos, aspiramos a desafiar las opiniones tradicionales e iniciar debates apasionados.