Nuestra Europa tiene al frente a un hombre cínico, deshonesto y despectivo, que perjudica los intereses europeos. El presidente de la Comisión, muy aficionado a decir que es amigo de los artistas, es el mismo que ha decidido sacrificar la diversidad cultural en nombre de supuestos intereses comerciales.
La UE se parece a esas muñecas rusas que cuando se abren en su interior van apareciendo otra y otra. La que forma el núcleo esencial, el dúo siamés franco-alemán, acaba de hacer una propuesta: una síntesis de posiciones alejadas para presentar una "contribución sobre cómo reforzar la estabilidad y el crecimiento".
Esta austeridad no está funcionando para salir de la crisis, tiene efectos sobre la salud e incluso la vida de las personas, mantiene o agrava unos niveles de paro juvenil en algunas regiones de Europa insostenibles. ¿Por qué seguimos con ella? Nuestro ímpetu suicida me recuerda al de los fanáticos.
Cada vez es más común, incluso entre las personas más informadas y formadas, afirmar que la UE no es democrática, en un salto cualitativo desde aquel "déficit democrático" que se atribuía hace años y con razón a la construcción europea. Considero que la política de austeridad ha fracasado, pero eso no me lleva a pensar que el Parlamento Europeo, el Consejo o la Comisión no tienen legitimidad democrática.
Culpable. Es el chivo expiatorio que necesita nuestro Gobierno. ¿Recortes? Son por Merkel, la inflexible, fíjense en su imagen: mismo peinado, chaqueta, collar, postura idéntica. ¿Austeridad? Es por Merkel, oigan su voz plana y aburrida: ni inflexiones ni pausas, ni énfasis. Ni un ápice de compasión.