Bulgaria en el corazón del lenguaje europeo
¿Qué puede hacer Europa por nosotros? La Europa de los ayatolás del déficit no tiene respuesta para algunos asuntos, como por ejemplo que Bulgaria tenga una deuda del 15% sobre el PIB (la segunda más baja de la UE), un déficit público por debajo del 3% y sin embargo la calle esté encendida. El futuro de los búlgaros depende sobre todo de ellos mismos. La regeneración del sistema y de los partidos corresponde a los búlgaros. Sobre todo a los jóvenes, pero éstos cada día emigran a otras latitudes en busca de un futuro próspero. Un cuento muy europeo.
El llamado "Estado de bienestar" ha sido sobreseído por un estado general de malestar y cabreo, con una UE encenegada en una doble recesión y recorrida como nunca por la pulsión nacionalista y el pesimismo más espeso.
La situación confronta a los ganadores contra los perdedores en la crisis, y denuncia una terrible injusticia en el reparto de la carga. Los que no la causaron, la sufren espantosamente bramando su protesta en las redes y en la calle.
Berlusconi sigue ahí, sonríe, hace aspavientos... y en el momento en que él decida, conforme a sus intereses, caerá el Gobierno de Italia, país fundador de la UE y tercera economía del euro.
La respuesta ante tanto malestar no puede ser, sin más, ni la exasperación, ni el acoso, ni el escrache, afecte a quien afecte, porque acabaremos todos pagando el derrumbamiento de nuestra convivencia, faltándonos al respeto.
El episodio Chipre marca un nuevo punto álgido en la gestión de la crisis que se está ensañando con la UE, marcada por esa forma de injusticia grosera y arbitraria que imponen los dobles raseros y las dobles varas de medir.