Me resulta frustrante tener que explicar cada año por qué me gusta el Festival de Eurovisión, teniendo en cuenta que millones de españoles pasan la mayoría de los domingos por la mañana viendo motitos o cochecitos dando vueltas y vueltas a una pista sin tener que dar explicaciones.
Sería un error monumental que los progresistas abandonaran el europeísmo pensando en iguales términos que el operario de la revolución industrial que deseaba romper la máquina que amenazaba su puesto de trabajo. Por el contrario, lo que tienen que hacer es reforzarlo.