Hay dos máximas en la vida pública de un famoso del perfil de Fernando Alonso: Tienes que acoplarte al hecho de que una maraña de fotógrafos te persiga constantemente, te moleste y te intente robar la intimidad; y tienes que ser consciente de que todos los gestos que hagas serán juzgados por la opinión pública.
"La Fórmula 1 es la máxima expresión tecnológica del automovilismo", reza un dicho... que es completamente falso. El hombre que inventó la Fórmula 1 se titula la biografía sobre Bernie Ecclestone, cuando debería decir "el hombre que destruyó la Fórmula 1 para crear un negocio con el que lucrarse y lucrar a su círculo de semejantes".
Lotus ha sido la primera escudería de Fórmula 1 en mostrar su coche para 2013. O al menos eso nos ha contado, porque el modelo mostrado ayer por la noche en la factoría de Enstone, donde ensambla sus máquinas de carreras, no parecía más que un E20 de 2012 pintado con el nuevo esquema de patrocinios de 2013.
La Fórmula 1, en España, le debe mucho a Fernando Alonso. Los que somos de antes de la era Alonsista, e incluso de antes de Gené y De La Rosa, recordamos las horas bajas de este campeonato en España. Telecinco, en su día, realizó una apuesta fuerte por llevar la Fórmula 1 a la televisión española, pero acabó claudicando.
La situación de polarización del éxito puede agravarse hasta extremos insospechados con la nueva reglamentación de motores. O también puede ocurrir que acabemos aceptando la idea de Bernie Ecclestone de utilizar un único motor en todos los coches, que convertiría a la Fórmula 1 en un certamen de escuderías ensambladoras.
Todos somos conscientes de que, ente la complejidad de un tema como la independencia, estas cuestiones deportivas son una pequeña anécdota sin demasiadas repercusiones. Pero son indicativas de la cantidad de "pequeñas anécdotas" que van a condicionar las decisiones finales. Hay muchos componentes emocionales.