González y Aznar serán valorados desde la normal pluralidad que existe entre la ciudadanía, y el tiempo ayudará a hacer una justicia más exacta. Lo importante ahora es que es tiempo de Rajoy, y de que todos ayuden al Gobierno actual a superar las dificultades en las que está la España que gobernaron y por la que se desvivieron.
Si por "vocación mayoritaria" se entiende un nuevo viaje del PSOE al centro, mal negocio. Porque a la vista está que lo primero que deben recuperar los socialistas es la confianza de muchos votantes de izquierdas que hoy por hoy temen que, otra vez en el Gobierno, apliquen una política de austeridad parecida a la que precisamente millones de ciudadanos están combatiendo.
Podemos desgañitarnos contra nuestra clase política, pero no lo tienen fácil para gestionar una situación endiablada. Las crisis económicas con las que lidiaron Felipe González y José María Aznar no son comparables en magnitud y complejidad a la que estamos viviendo, así que sacudámonos la tendencia a la melancolía si aspiramos a hallar nuevas respuestas para nuevos desafíos. El futuro se muestra incierto, pero la nostalgia por el pasado no nos ayudará a encontrar el camino para afrontarlo.
En cuatro años pasamos de la "Obamanía" a la incertidumbre de una tarde noche de infarto. Gobernar es administrar expectativas y las que generó Obama -dentro y fuera de EEUU- en 2008 eran tan grandes, como difícil su administración razonable para dar satisfacción a sus electores. La corriente de "Obamanía" la provocaba la expectativa de que revertiría en plazo milagroso la catástrofe que encontró a su llegada.