Peligroso. Injusto. Tanto que hasta duele. Que sean justamente las mujeres las que renieguen de esta madre coraje que es el feminismo. Esta madre que nos ha adoptado a todas, nos ha lavado la cara y nos ha mandado a estudiar, a formarnos. Que nos ha dado herramientas, nos ha enseñado a decir que no. Que somos iguales.
La propuesta sobre chicas se sitúa claramente en un presente que mira hacia el futuro, mientras que la de los chicos aún se entretiene en la pugna por quitar las hojas de higuera de hace dos siglos. Pero es que, como ya hicieron muchas artistas con las bragas o el miedo, no es de los cataplines de donde hay que quitar las hojas, sino del cerebro.
Los Juegos Olímpicos, ¿quién podría dudarlo?, son un gran espectáculo en muchos sentidos y una potente arma (no se me ocurre otra palabra más precisa) de propaganda. De todos modos, no todo se distribuye a partes iguales. El equipo de fútbol masculino japonés viajó en primera clase y el femenino -que de los dos era justamente el que defendía el título de campeonas mundiales- viajó en turista. De las diecisiete medallas que ganó la delegación, once las ganaron las mujeres y sólo seis los hombres.
Parece que son las mujeres del otro lado del Atlántico las que han respondido al globo sonda que lanzaba Gallardón sobre la ley del aborto. El pasado 23 de julio se publicaba un vídeo con el sentir de la mujer americana ante los intentos de restringir su acceso a programas de prevención del cáncer, planificación familiar y aborto.