El fracaso como una de las bellas artes
El fracaso tiene un lado positivo. Muy positivo. Vamos a sincerarnos: aquí nunca nos han caído bien los ganadores. Es más, no los tragamos. En algunos países como Estados Unidos, el culto al éxito une a sus ciudadanos más que cualquier fe y "perdedor" es el insulto más hiriente que se puede hacer. Aquí el triunfador nos produce urticaria.