Cada vez que alguien dice "no, eso es un insulto", cada vez que alguien dice "soy así", cada vez que alguien cambia de canal, apaga la radio, rompe la página de un periódico o no bota cuando se le insta a que lo haga (recordad el "maricón el que no bote"), se enciende un puntito luminoso en el panel de las microluchas.
Todas las noches voy a dormir con una alarma de sirena, un extintor de incendios y una escalera de cuerda al lado de la cama, por si sufro otro atentado. Desde hace años, he sufrido cientos de atentados: cócteles Molotov y ladrillos arrojados por las ventanas, tres bombas incendiarias y una bala a través del buzón.
Después de una noche divertida, mi amigo Ethan y yo nos dirigimos a una furgoneta de pizzas. Hacía mucho frío, así que íbamos cogidos de la mano y juntos para estar más calientes. El tipo que estaba delante nos dijo que cortásemos nuestra "mierda gay". Casi todas las personas en la cola le dijeron que no podía hablarnos así.
Malta me ha reventado en la cabeza y en el corazón, porque al decir Malta solo puedo evocar a Tonio Borg, que con ese nombre de pescado y apellido de tenista va a ser, ay, el próximo comisario de Salud de la UE. Quien está en contra de la igualdad LGTB no puede legislar en materias como el VIH/Sida.