Las mujeres árabes de las distintas generaciones, religiones y clase son ahora más que nunca conscientes de la similitud de los retos que enfrentan y de la violencia a la que son sometidas. Se encuentran más unidas ahora que antes, y ven los aspectos que les unen en lugar de aquellos que les separan. Este 8 de marzo saldrán juntas para reivindicar sus derechos.
La disminución de actuaciones para combatir la violencia de género es coherente con las políticas de recorte en derechos que practica el PP, respecto de las que están alertando muchas organizaciones españolas, pero también instituciones internacionales como la OCDE, porque suponen un retroceso en igualdad de más de 30 años.
Se discrimina a una gran parte de la población que no encaja con el modelo de trabajador plenamente disponible, lo que produce un efecto muy negativo sobre las oportunidades de las mujeres, pero además, está perjudicando la incorporación de cambios que modernicen y permitan modalidades flexibles de empleo de calidad.
Excepto por la presencia en los medios de comunicación de algunos acontecimientos extremadamente dolorosos, la violencia de género está siendo condenada al silencio. Este Gobierno no condena, no denuncia, no está presente liderando un mensaje claro y contundente de rechazo frontal a la acción violenta y a quienes la ejercen, tal y como sería necesario.