Cataluña, a pesar de tener una balanza fiscal negativa, es tenida por muchos como una Comunidad Autónoma insolidaria. Quizá se deba a que no importa tanto el dinero que se aporte a las arcas del Estado, sino el hecho de estar más o menos en silencio y sin quejarse. Y los políticos catalanes se quejan.
La desaparición del déficit fiscal no tendría el mismo efecto si ello diera lugar a una reducción de la presión fiscal (que podría tomar distintas formas con impactos muy distintos) que si se aprovechase la mayor disponibilidad de recursos para financiar servicios públicos en mayor cantidad o de mejor calidad.
En lo que respecta al secesionismo estoy bastante de acuerdo con el Parlamento de Canadá, que aprobó en el año 2000 la llamada Clarity Act que establece que en un hipotético referéndum de secesión cualquier pregunta no referida únicamente a la secesión será considerada poco clara (y en cierta forma deshonesta).
En la plaza había catalanes que se sienten españoles, españoles que se sienten catalanes, catalanes que no se sienten catalanes, españoles que no se sienten catalanes, inmigrantes que se sienten españoles o que no se sienten catalanes... Yo entre tanta bandera (no importa cuál) camino siempre perplejo, despacio, dudando de si es útil el pedazo de tela en cuestión.