Somos los Millennials, los que obtuvimos la mayoría de edad al empezar el milenio 2000. Dicen que somos la generación más preparada de la historia, pero que pecamos de ser creídos y malcriados. Nos han hecho creer que podríamos llegar donde quisiéramos. Esto nos ha llevado a pedir más a la vida, a tener expectativas muy altas que raramente se ven satisfechas.
Huevos, leche, harina, mantequilla... Yo creo que para hacer tortitas no hace falta nada más, ¿no? Salgo del súper y pongo rumbo a casa. ¡A mi nueva casa! Andy, mi nuevo flatmate, que es irlandés, me ha dicho que hoy vamos a celebrar el "Pancakes Tuesday". Estos buscan cualquier excusa para atiborrarse a hidratos de carbono...
Llaman a la puerta; es él. Yo me santiguo, que aunque no sea creyente. Le abro, y ya desde fuera, inspecciona cada rincón de la casa. Nada más entrar, posa su dedo índice en el rodapié, y no lo levanta hasta haber recorrido todo el perímetro del piso. Se gira hacia mí y me observa para asegurarse de que vea bien su dedo, envuelto en una bola de polvo.
Ser JESP es duro, -pese a que haya alguna lumbreras por ahí que opine que los jóvenes de hoy en día emigramos por espíritu aventurero-. Pero también es cierto que empezar de cero en otro país (en materia de hogar, de amigos, de trabajo y de dinero), te hace luchar más que nunca, y lograr objetivos que jamás hubieras imaginado alcanzar.