Con muchos meses de retraso, arrastrando los pies en un debate interminable, el Consejo Europeo deliberó los pasados 7 y 8 de febrero un escenario presupuestario marcado por el techo de gasto.
El aparato de propaganda del Gobierno del PP y, al unísono, la maquinaría mediática de la derecha, se aprestan a hacernos pasar por indicios de "luz al final del túnel" las "mejorías relativas" de la "productividad" y la "competitividad".
Si queremos recuperar el proyecto europeo hay que plantar cara a Merkel. Y es lamentable que Rajoy, vista la desesperante situación en que se encuentran hoy millones de españoles, haya relegado ese incómodo pero imprescindible trabajo al socialista François Hollande.
Nada exime al PSOE de enfrentarse a su propia sesión en el diván. No es razonable insistir en que los ciudadanos "no nos perdonarían" que dedicásemos tiempo a arreglar los desperfectos en nuestra propia organización en lugar de "concentrarnos en la recesión y en el paro".
La vía de la independencia es pésima, por sus consecuencias económicas y sociales. Inconstitucional, antihistórica, divisoria, regresiva y penosamente antieuropea.
A tono con los tiempos duros, agosto no ha sido un paréntesis reparador. A velocidad de vértigo se han acentuado las contradicciones entre el defectuoso diseño de la moneda única y la insoportable ausencia de instituciones para defenderla de los especuladores y políticos para sostenerla.