El joven Alexander Hleb lo intentó como nadador y como gimnasta, pero no llegaba al nivel que exigía la maquinaria soviética. Con catorce años, ya con la URSS rota y siendo Bielorrusia un país independiente, probó suerte con el fútbol. El Barça pagó 15 millones por su fichaje en 2008. Chocó con Guardiola.